
La confianza es un camino de ida, una vez que pierdes ese sendero no hay regreso, y si por algo la gente vuelve a confiar será gracias a que se construyo con el tiempo otra vereda en la que la relación pudo volver a ese la lealtad.
Lo que interpretamos como traición surge porque implicitamente determinamos limites en la relación en donde podemos sentirnos seguros, desde contar asuntos personales sin que estos se ventilen, hasta poner la integridad o el patrimonio en manos de una persona, y que decir del corazón; ya que la mayoría de las relaciones monogamas se sostienen en el sexo seguro, que existe gracias a la fidelidad de una pareja, lo que fortalece su intimidad.
Pero una vez que en una relación entra la desconfianza ya sea a base de una infidelidad, una indiscreción por parte de una amistad o de abuso de confianza que puede surgir en cualquier ambito tanto laboral como personal, el punto es que cuando se cierra esa puerta permanece cerrada, a menos que seamos capaces de abrir una ventana y mantener viva una relación demostrando a la persona afectada que puede volver a confiar.
Ya sea porque la traición se dio a falta de límites claros, por malisia o falta de empatía, al final esa falta de compromiso o autocontrol termina mermando la confianza en uno mismo, porque se ha caído en la falta más grande.
Cuando una persona te brinda su confianza te abrio una parte de su corazón y lastimar e ir en contra del amor que depositaron en ti debe ser el pecado más grande de este mundo, ya que no solo se lastima a un desconocido sino a una persona que realmente te ama y sino por lo menos te aprecia lo suficiente y vio algo en ti para tenerte confianza, y destruir eso es aniquilar una parte de tu imagen y cerrar la puerta del corazón de una persona que solía ver bondad en ti; mantengamos abiertas las puertas.