
Nos quejamos socialmente de que las adicciones van en aumento, si nos ponemos a analizar el alcohol y muchas otras adicciones son pequeños curitas que quieren tapar grandes heridas, es quisa que debemos aprender a vivir con el dolor y aprender que las emociones son mensajeras y que nos vienen a mostrar algo, porque nadie nos habla de vivir con el malestar de descubrir lo incomodo y aprender de ello.
Desde el desamor, la tristeza, la soledad mal entendida y todo aquello que nos causa nostalgia, porque buscamos evadir, será que necesitamos esos curitas emocionales para seguir produciendo, todo se centra en eso ¿qué tan productivos nos volvemos cuando cargamos nuestras historias con dolor que paraliza? ¿necesitamos siempre anestesia y evasión?, o será que esas crisis existenciales nos llevan a otro lugar y son necesarias para nuestra propia evolución.
Tal vez debemos dejar el curita emocional y portar nuestras heridas y cicatrices con amor, con orgullo de sobrevivir la batalla a pesar de todo y con todo lo que nos incomodé, saliendo avante al saber que nuestra historia es perfecta con todas sus aristas y desavenencias; es nuestra, es lo que nos formo y nos vuelve el ser humano que ahora somos y que seguramente tiene un gran camino que recorrer para volverse su mejor versión.
Que la próxima crisis existencial nos encuentre dispuestos a templarnos cual acero en las manos de la vida herrera de nuestro destino; con miedo, con tristeza, con enojo quizá pero siempre dispuestos a forjarnos; que el miedo no nos paralice, que la tristeza no nos desampare, que el enojo se convierta en coraje para trazar nuestro destino. Dejemos los curitas emocionales no necesitamos alcohol ni ninguna otra sustancia para evadir; es tiempo de sentir, valientes, serenos, confiados en que, aunque no sepamos manejar todas las situaciones que se nos presentan, tenemos el coraje de aprender de las mismas; sabedores de que todo suma y con la certeza en que la lección no solo será aprendida sino agradecida.