
En esta vida nos dicen que debemos de luchar para prosperar y vivir mejor, nos enseñan indirectamente que quien no produce no vale; la estrategia es generar con nuestro trabajo, o mejor aún con el trabajo de otros para que la riqueza se multiplique y con ella adquirir, nos venden la idea de que la felicidad tiene precio y así vamos por la vida, deseando y complaciendo nuestros deseos hasta que un nuevo deseo nos inunda, nuestra vida y la de la humanidad se ha ido en ello el tan anhelado progreso.
Y sin embargo el coste que hemos pagado ha sido alto, no compramos con dinero, compramos con vida; y el coste que ha pagado la humanidad es contaminar nuestra casa, extraer, tomar y arrancar los productos naturales, transformarlos en otros productos para su venta y así continuar creciendo ha costa de la contaminación y exterminación de algunas especies naturales, y de algunos lugares que han perdido no solo su fauna y flora sino su esencia y su paz.
El error no ha sido querer, ha sido no tener un límite; no solo comemos, devoramos y muchos parecen no tener llenadera, es justo buscar el progreso pero cuando el coste es tan alto ya no se puede llamar progreso, estar cavando nuestra propia tumba o la de nuestra especie no es el problema, es la causa; el verdadero problema es nuestra inconciencia.
Tal vez ninguno de los lectores este en este grupo de personas que acaparan la riqueza, pero si estamos en el grupo de las personas que están en un despertar de conciencia constante, o por lo menos eso espero; para que la próxima vez que el deseo nos aborde sepamos que todo tiene un precio que pagar y que muchas veces va más allá de nuestro trabajo, no pagamos con dinero pagamos con vida, producimos la riqueza material con nuestros bosques, montañas, flora, fauna, ríos y mares; y realmente si lo analizamos también la humanidad esta pagando con su tiempo.