
Por: Jorge Gómez Carranco
Al cierre del año 2025, el partido Morena llega a un punto de inflexión marcado por una evidente contradicción: mantiene el control del poder político nacional, pero arrastra un desgaste profundo que ya no puede ocultarse únicamente con cifras de aprobación o discursos triunfalistas. Lo que comenzó como un movimiento que prometía transformación, ética pública y cercanía con la ciudadanía, hoy enfrenta cuestionamientos serios sobre su rumbo, su identidad y su capacidad real para gobernar con eficacia, legalidad y resultados tangibles para todos los sectores de la sociedad.
Morena cierra el año consolidado como partido dominante, pero también como una fuerza política atrapada en su propia inercia. La concentración del poder, la falta de autocrítica y la normalización de prácticas que antes denunciaba han generado una percepción creciente de soberbia política. Lejos de representar una renovación democrática, el partido ha sido señalado por amplios sectores como un aparato que privilegia la lealtad política por encima de la capacidad técnica, debilitando instituciones, ignorando contrapesos y tolerando inconsistencias graves en materia de transparencia, seguridad y legalidad.
A lo largo de 2025, los problemas estructurales del país no solo persistieron, sino que en muchos casos se agravaron. La inseguridad sigue siendo una preocupación cotidiana para millones de mexicanos, la economía no logra traducir estabilidad macroeconómica en bienestar real para las familias, y los servicios públicos continúan mostrando rezagos evidentes. Frente a este escenario, Morena ha optado reiteradamente por el discurso de confrontación, responsabilizando a gobiernos pasados, a la oposición o a factores externos, evitando asumir plenamente la responsabilidad que implica gobernar con mayoría y control institucional.
El desgaste también se manifiesta al interior del propio partido. Morena ha dejado de ser un movimiento cohesionado para convertirse en una suma de corrientes, intereses y liderazgos regionales que compiten entre sí. La falta de una línea ideológica clara y de mecanismos internos sólidos ha provocado conflictos, divisiones y decisiones que parecen más orientadas a conservar el poder que a construir un proyecto de nación sostenible. Esto ha erosionado la confianza incluso entre sectores que originalmente apoyaron al partido con la esperanza de un cambio profundo.
El Partido Acción Nacional ha encontrado una oportunidad política para reposicionarse. Tras años de resultados electorales adversos y una crisis interna de identidad, el PAN cierra 2025 con una narrativa clara: presentarse como un contrapeso necesario frente a un gobierno que consideran agotado, centralista e incapaz de corregir sus propios errores. Acción Nacional ha endurecido su discurso, señalando directamente lo que califica como abusos de poder, improvisación gubernamental y debilitamiento del Estado de derecho bajo la administración de Morena.
El PAN ha buscado reconstruirse como una opción que ofrece orden, legalidad y respeto a las instituciones, apelando a sectores ciudadanos cansados de la polarización y del discurso permanente de confrontación. Aunque no puede presentarse como un actor libre de errores históricos, Acción Nacional intenta capitalizar el hartazgo social posicionándose como una alternativa racional frente a lo que describe como un gobierno que confunde mayoría con autoridad absoluta.
Durante 2025, el PAN ha insistido en la necesidad de recuperar equilibrios democráticos, fortalecer la división de poderes y garantizar que el ejercicio del gobierno esté sujeto a reglas claras y rendición de cuentas. Su discurso se ha centrado en advertir que la continuidad del modelo actual puede profundizar la crisis institucional y normalizar prácticas que debilitan la democracia. Para muchos ciudadanos, esta postura empieza a resonar como una llamada de atención frente a la falta de resultados concretos del partido en el poder.
Así, el cierre del año deja un escenario político tenso y polarizado. Morena sigue siendo fuerte en números, pero vulnerable en legitimidad moral y eficacia gubernamental. El PAN, aunque aún lejos de recuperar el poder nacional, se perfila como una opción que podría canalizar el descontento social si logra sostener un proyecto coherente, creíble y distinto a los vicios que hoy critica. La percepción de “salvación” que Acción Nacional intenta construir no surge de un entusiasmo generalizado, sino del cansancio acumulado frente a un gobierno que prometió transformación y que hoy enfrenta el juicio de sus propios resultados.
En pocas palabras puedo decirles que este 2025 cierra con un Morena dominante pero desgastado, y con un PAN que, desde la oposición, encuentra en ese desgaste una oportunidad histórica para reposicionarse como alternativa política. El rumbo que tome el país en los próximos años dependerá no solo de la fuerza electoral de los partidos, sino de su capacidad real para responder a una ciudadanía cada vez más crítica, informada y exigente.