La evolución del personaje.

Cuando se escribe una historia se crea un escenario, una línea del tiempo donde nazca un nuevo mundo; y entre ellos surgen personajes que tienen cierto rasgos que vamos plasmando y delimitando; lo curioso es que llega un punto en que el personaje toma vida y por más que quieres escribir que realiza algo o que dice o piensa algo no puedes hacerlo porque el personaje no lo haría, diría o pensaría; es como si tomará vida y para lograr que se realice un cambio en el personaje lo tienes que llevar por condiciones que logren su evolución, tristemente unos personajes evolucionan y otros involucionan, algunas veces por las características de que los dotaste al inicio, otras porque su crecimiento se fue a algún lugar inesperado o simplemente no ocurrió.

Y esto no solo sucede en el papel, somos los personajes de la vida, nuestras condiciones nos retan a la transformación pura; sin embargo algunos seres se transforman y adaptan rápidamente, y otros se quedan paralizados por el miedo al precio que se tiene que pagar, y es que para transformar tu vida tienes que matar versiones que te pertenecen, tiene que morir el personaje que eres para dar paso a uno nuevo; y eso duele, porque al final es una perdida de lo que creías que eras, se tiene que sacrificar comodidad, seguridad de lo que uno ya conoce y ya tiene, muchas veces relaciones que son muy significativas y que se tienen que disolver.

Evolucionar a nuestro propio personaje no solo requiere compromiso personal, la fuerza de voluntad para matar una versión propia debe ser tal que el fenómeno interno es un cataclismo que arrasa con más de lo que pensamos, aún así vale la pena poder encontrar esa nueva versión y estar dispuestos a evolucionar, antes de que la vida nos arrastre a una involución de la que sea más difícil salir, la creación de nuestra mejor versión es de los retos más complicados pero también más interesantes para vivir.