¿La crisis de las redes?

La crisis de esta semana, generada por las Diputadas locales, Nay Salvatori con su Hermana, Grace Palomares y una conductora local, dan cuenta de una realidad y de un grupo político que, desde el poder, desde la opulencia, desde una cómoda posición, ganando lo que muy pocos ciudadanos pueden tener ingresos con un empleo modesto. Es muestra de la descomposición que esta sufriendo el poder, que se da a partir, de la popularidad y la frivolidad, en el acomodo político circunstancial, es falta de un modelo de comportamiento de funcionarios de elección popular y de empleados acomodados desde el poder.

La irrupción de las plataformas digitales y los formatos de entretenimiento informal, como los videopodcasts, ha difuminado de manera peligrosa la línea entre la vida privada de los personajes públicos y sus responsabilidades institucionales. Recientemente, las declaraciones emitidas por las diputadas locales de Puebla, Nayeli Salvatori y Grace Palomares, durante la transmisión de su programa digital Descasadas, encendieron un profundo debate nacional. Al mofarse de la apariencia, la piel y el olor de las personas adultas mayores —con expresiones denigrantes que asociaban el envejecimiento con la descomposición física («huelen a baúl», «ya se están pudriendo»), las legisladoras no solo evidenciaron una profunda falta de empatía, sino que expusieron una crisis ética en el ejercicio de la representación popular.  Este ensayo analiza las dimensiones políticas, sociales y éticas de dicho suceso, cuestionando el uso de la «libertad de expresión» como coartada y la normalización del edadismo desde las esferas del poder. La banalización del edadismo y la deshumanización de la vejez El edadismo la discriminación por motivos de edad— es una de las formas de prejuicio más normalizadas y, paradójicamente, menos castigadas socialmente. Las declaraciones de Salvatori y Palomares no constituyen un simple desliz verbal o una broma inofensiva sacada de contexto, como intentaron argumentar en sus posteriores comunicados de defensa. Son el reflejo cultural de una sociedad que descarta y deshumaniza la vejez, asociándola con la inutilidad, la decrepitud y la repulsión estética.  Cuando figuras investidas con el poder de legislar y garantizar derechos se mofan públicamente de los cambios físicos propios de la senectud, validan y replican una violencia simbólica devastadora contra un sector históricamente vulnerado. La vejez no es una anécdota cómica ni un objeto de burla; es una etapa legítima del ciclo vital que exige dignidad, respeto y protección reforzada por parte del Estado. La ligereza con la que estas funcionarias mercantilizaron el deterioro físico ajeno para buscar rating o generar complicidad humorística en redes sociales demuestra una alarmante bancarrota moral. La coartada de la «descontextualización» y la irresponsabilidad este caso marca un precedente indispensable en la discusión sobre los límites de la conducta ética en la política contemporánea. La vehemencia con la que la dirigencia de su partido y los órganos disciplinarios han propuesto la revisión de sus derechos partidistas señala que la tolerancia hacia el clasismo, el sexismo y el edadismo disfrazados de «entretenimiento digital» comienza a agotarse. La política no puede seguir tolerando a representantes que operan con una doble moral: legisladoras en el papel y espectadoras frívolas en la práctica. La dignidad de los adultos mayores no es negociable, y la exigencia ciudadana debe mantenerse firme para garantizar que el servicio público esté ocupado por personas con la altura ética, la sensibilidad social y el respeto elemental que la ciudadanía esta es solo una ventana del que nos muestra la descomposición del poder,  cuantos funcionarios del Municipio no han tenido sus arranques de grandeza o de poder, cuantos han abusado de su cargo para beneficiarse, cuantas familias enteras están metidas en la nómina, desde el gabinete y en diversas áreas cobrando un salario que no va de acuerdo a su perfil. Cuantos regidores no han aportado nada y solo van de cuerpo presente al cabildo, cuantos regidores no saben lo básico de su comisión asignada, pero eso sí están cobrando puntualmente.

Cuantos regidores solo levanta dedos y paleros no han pasado por el cabildo pero eso si en redes sociales son los primeros que se apuntan o se creen candidatos o candidatas ¡El pueblo eligió ahora que vean el resultado de lo votado!

 

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