EL SILBATAZO FINAL

Cada cuatro años comienza la incógnita ¿cuándo sonara el silbatazo final para nuestro equipo?, ¿será esto lo que nos hace apreciar tanto el deporte nacional?; y es que tiene algo que logra que por unos minutos se detenga nuestra vida y que la convivencia sea más amena, todos con una misma ilusión de permanecer.

Comienza la hora de anhelar y soñar que llegamos a donde no hemos llegado; tal vez esto sea tan parecido como la vida misma, un anhelo eterno y un disfrute momentaneo de las glorias que saben a delicia en nuestra historia; y también con el eterno deseo que para nosotros y los nuestros no se escuche el silbatazo final; sino por el contrario que se extienda lo más posible nuestro tiempo.

Y es que en México vivimos de la alegría de nuestra gente, de su ingenio y su esperanza, y porqué no de la unión que sentimos cuando encontramos una causa que no nos polariza, porque si bien no todos somos aficionados, la mayoría quisieramos ver al tricolor lograr lo que consideramos solo un anhelo; mientras disfrutemos de la calidez de nuestras familias al reunirse, de la compañía de los extraños que festejan con nosotros, de nuestro país latiendo al unisono, de la algarabia de nuestra gente que ojala se conserve y que el festejo nos renueve y haga soñar a nuestras juventudes e infancias que por medio del deporte y el esfuerzo pueden lograr cosas inimaginables.

En la realidad todo el torneo no cambia nada; tampoco si ganamos o perdemos, pero se siente tan bien la unión del país en una misma causa, que tal vez cambie más de lo que podamos apreciar a simple vista, quiza el cambio de ánimo y la esperanza es lo que motive a la nación a trabajar en la transformación que edifique una nación diferente, donde este sentimiento se extienda a la vida diaria entendiendo que todos somos un equipo soñando en que el silbatazo final tarde mucho en llegar para nosotros.