EL RIESGO DE NORMALIZAR LA INFILTRACIÓN DEL CRIMEN ORGANIZADO EN LA POLÍTICA MEXICANA

Por Jorge Gómez Carranco

La declaración del Instituto Nacional Electoral respecto a que no le corresponde verificar posibles vínculos de candidatos con el crimen organizado volvió a encender el debate sobre el verdadero alcance de las instituciones electorales frente a una de las mayores amenazas para la democracia mexicana. En un país donde la violencia, la intimidación y la presencia del narcotráfico han alcanzado incluso los procesos electorales, resulta preocupante que la autoridad encargada de garantizar elecciones libres y confiables se deslinde de una responsabilidad que, aunque quizá no esté plenamente definida en la ley, sí impacta directamente en la legitimidad democrática.

Desde la visión del Partido Acción Nacional, el problema no radica únicamente en las facultades legales del INE, sino en el mensaje político que se transmite a la ciudadanía. Decir que la autoridad electoral no puede revisar perfiles o alertar sobre riesgos relacionados con el crimen organizado genera una percepción de pasividad institucional frente a un fenómeno que cada vez tiene mayor presencia en gobiernos municipales, estatales y estructuras partidistas. El PAN podría sostener que la democracia mexicana no puede reducirse solamente a instalar casillas, contar votos y organizar elecciones, sino que también debe protegerse de quienes buscan capturar el poder mediante el miedo, el dinero ilícito o la intimidación.

La postura del INE abre un vacío delicado porque deja toda la responsabilidad en manos de fiscalías y autoridades de seguridad que muchas veces actúan tarde o simplemente no actúan. En los últimos años México ha vivido campañas electorales marcadas por asesinatos de candidatos, amenazas a funcionarios, presión sobre alcaldes y denuncias de intervención criminal en regiones completas del país. Frente a este panorama, resulta insuficiente que cada institución se limite únicamente a decir “no me corresponde”, mientras el problema continúa creciendo.

Acción Nacional ha insistido en diferentes momentos en la necesidad de fortalecer los filtros para quienes aspiran a cargos públicos. Desde una óptica panista, permitir que personajes con señalamientos graves o bajo investigaciones puedan contender libremente debilita la confianza ciudadana y pone en riesgo el funcionamiento de las instituciones democráticas. El argumento central sería que no se trata de violar derechos políticos ni de sustituir a las autoridades judiciales, sino de crear mecanismos de coordinación entre el INE, la Fiscalía General de la República, las fiscalías estatales y las áreas de inteligencia financiera para detectar perfiles de alto riesgo antes de que lleguen al poder.

El problema se vuelve todavía más grave cuando se observa que el crimen organizado ya no solamente busca controlar territorios mediante la violencia, sino también mediante la política. Tener influencia en ayuntamientos, policías municipales, congresos locales o incluso gobiernos estatales representa para estos grupos una ventaja estratégica que les permite operar con mayor impunidad. Por ello, para el PAN la omisión institucional puede convertirse en complicidad indirecta, aunque no exista intención expresa de favorecer a grupos criminales.

La discusión también refleja una crisis más profunda del Estado mexicano. Durante años, el discurso oficial ha insistido en separar seguridad y política, como si fueran temas distintos, cuando en realidad ambos están completamente vinculados. No puede existir una democracia sólida en regiones donde los ciudadanos votan bajo amenazas o donde ciertos candidatos cuentan con respaldo económico y territorial de grupos criminales. Acción Nacional podría argumentar que minimizar este problema solamente beneficia a quienes buscan aprovecharse de la debilidad institucional.

Otro punto importante dentro de la visión panista sería la defensa de la confianza ciudadana. La población mexicana ha mostrado en distintas encuestas una creciente desconfianza hacia partidos, autoridades y procesos electorales. Cuando el INE afirma que no tiene la responsabilidad de revisar posibles nexos criminales, muchos ciudadanos interpretan que las instituciones simplemente se lavan las manos frente a una realidad evidente. Para el PAN, recuperar la credibilidad democrática implica asumir responsabilidades más amplias y actuar con firmeza ante cualquier amenaza a la legalidad electoral. Sin embargo, también existiría dentro de esta postura un reconocimiento de los riesgos que implicaría otorgar facultades excesivas a la autoridad electoral. Acción Nacional probablemente advertiría que cualquier mecanismo de revisión debe estar sustentado en investigaciones formales y elementos jurídicos sólidos, evitando persecuciones políticas, filtraciones mediáticas o acusaciones sin pruebas. El objetivo no sería convertir al INE en una fiscalía, sino establecer herramientas institucionales que permitan prevenir la infiltración criminal sin violentar derechos fundamentales.

La polémica además tiene un fuerte impacto político porque inevitablemente abre cuestionamientos hacia el gobierno federal y su estrategia de seguridad. Desde la oposición, particularmente el PAN, se podría señalar que la expansión del crimen organizado en procesos electorales es consecuencia de una política de seguridad débil y permisiva. Bajo esta narrativa, la falta de acciones contundentes ha permitido que grupos criminales aumenten su influencia territorial y política en distintas regiones del país. Así, el deslinde del INE sería interpretado como parte de una cadena de omisiones institucionales que terminan debilitando al Estado. México atraviesa un momento complejo donde la democracia enfrenta amenazas que van más allá de la competencia entre partidos. El verdadero riesgo está en permitir que el crimen organizado encuentre espacios dentro de las estructuras públicas y convierta las elecciones en instrumentos para ampliar su poder. En ese contexto, la postura del INE genera preocupación porque parece limitar la defensa de la legalidad democrática únicamente a aspectos administrativos y técnicos.

Desde la perspectiva de Acción Nacional, el país necesita instituciones más comprometidas, coordinadas y firmes frente a la infiltración criminal. La democracia no puede sostenerse solamente con votos; también requiere autoridades capaces de proteger la legalidad, la transparencia y la confianza pública. Ignorar el problema o reducirlo a una cuestión de competencias legales podría terminar normalizando una situación que representa uno de los mayores peligros para el futuro político de México.