
Sin duda lo que nos sorprende de este planeta no es lo cotidiano, eso nos da seguridad, pero pocas veces asombro, la rareza es un privilegio en este mundo lleno de cotidianidad; y a pesar de eso no hemos sabido apreciarla incluso en ocasiones comparamos lo raro con lo feo.
En una tierra tan maravillosa lo raro y lo desconocido algunas veces nos cautivan, y cuando nos embelesamos quisiéramos que todos conocieran esos lugares o experiencias raras o diferentes. Pero cuando de naturaleza se trata el impulsar que a un lugar lleguen turistas o visitantes puede llegar a ser una desventaja para ese sistema, más si solo se impulsa la economía sin el pleno respeto al entorno. Ahora estamos celebrando que no se construyera un proyecto en el Mahahual, pero ¿cuántos más vienen? y ¿cuántos lugares raros están a punto de perderse? es que lo raro o lo queremos presumir hasta destruirlo o lo tratamos como algo incomprensible.
¿Será que podemos ser más justos con la rareza? sin explotarla o tacharla con adjetivos que nos impidan apreciarla. Y para las personas que son tan raras como los tesoros naturales, confórmense con ser diferentes en un mundo que quiere parecerse siempre y mimetizarse con el progreso inminente.
Que lo raro prevalezca, para salvarnos de lo cotidiano, para admirarnos nuevamente, y para que en algún momento lo podamos llegar a apreciar tanto que solo nos quede el respeto por lo que no es común, por lo que salta entre el resto, para que la rareza sea nuestra bandera para defendernos de la imposición de unificar nuestros rostros, nuestros cuerpos, nuestros justos y pensamientos. Para seguir defendiendo lo que es de todos para apreciar, pero de nadie para poseer; que lo raro despierte y exalte en cada persona el sentimiento de ser único y que nos una para defender siempre a lo más especial de este hermoso planeta, que nos regala sus excepcionales vistas para contemplar lo que es único y defenderlo incluso de nosotros mismos.