
SEGUNDA PARTE
En México —y particularmente en Puebla— el cinismo institucional ya ni siquiera se disfraza, en la pretensión de la indiferencia y exclusión de convenios lo dice todo.
Todos tienen apoyo.
Todos tienen programas.
Todos tienen beneficios.
Madres solteras, jóvenes, adultos mayores… discursos, cifras, aplausos.
Pero hay un sector que incomoda, que cuestiona, que exhibe…
y por eso mismo, se le mantiene al margen:
el gremio periodístico.
Ese al que todos los días le dicen “gracias por su labor”.
Ese al que invitan, utilizan y presumen.
Ese que llena boletines, ruedas de prensa y agendas públicas.
Pero cuando se apagan los micrófonos…
no hay nada.
Ni instalaciones dignas.
Ni apoyos reales.
Ni herramientas de trabajo.
Ni seguridad.
Ni condiciones mínimas para ejercer una labor que, irónicamente, sostiene la vida democrática.
Porque no nos engañemos:
El periodista independiente no existe para el sistema.
Es invisible… hasta que incomoda.
¿De qué sirven los discursos de la llamada Cuarta Transformación, si el llamado “cuarto poder” sigue sobreviviendo en la precariedad?
¿Dónde están los apoyos para vivienda?
¿Dónde los estímulos económicos?
¿Dónde los programas que reconozcan, de verdad, el riesgo y el desgaste de esta profesión?
O peor aún…
¿El precio del apoyo es la sumisión?
Porque pareciera que hay una regla no escrita:
si no perteneces a una confederación,
si no te alineas a un sindicato,
si no aplaudes…
simplemente no existes.
Y entonces la pregunta deja de ser incómoda y se vuelve urgente:
¿El periodismo libre estorba?
Porque en los hechos, sí.
Se le ignora, se le margina y se le deja solo.
Mientras tanto, los gobiernos siguen hablando de justicia social, de inclusión, de transformación…
Pero sin periodistas dignificados,
sin prensa libre y con condiciones reales,
todo eso es solo propaganda.
Así de claro.
¿Hasta cuándo el silencio oficial frente al abandono del periodismo?
¿Hasta cuándo la simulación?
Porque el aplauso no paga renta.
El reconocimiento no compra equipo.
Y la “mención” no protege a nadie.
El periodismo no necesita halagos.
Necesita condiciones.
Y hoy, esas condiciones no existen.
Pero el Periodismo independiente, no ha muerto, no muere y no agoniza, lo que no mata, fortalece y solo quien con un gesto piadoso y una mano que ofrezca el apoyo y no solo el reconocimiento, llevará en su más alto proyecto, un buen término y el apoyo y reconocimiento de todo sector.
¿Hasta cuándo?