Árbol de Navidad

Por Nancy LUINA SORCIA

CHOLULA.- Históricamente, el árbol de Navidad no siempre ha sido como lo conocemos hoy en día, ni tampoco ha tenido el mismo significado. Independientemente de las pequeñas diferencias que puedan existir entre diferentes países actualmente, el origen del árbol de la Navidad es común.

El árbol de Navidad tradicional se realiza con un abeto. Muy relacionado con las costumbres paganas del norte de Europa (sobre todo en Alemania), hace siglos el abeto debió su prestigio a su hipotética capacidad para atraer los rayos.

En la Antigüedad, se pensaba que el rayo era de procedencia divina: recuérdese la figura del dios de la mitología griega Zeus, que portaba un rayo en su mano.

Por tanto, todo aquello que lo atrajera debía ser sagrado. La tradición pre cristiana alemana del Lichtenbaum se vincula a los ritos de la luz del rayo.

Otra circunstancia adicional, convirtió al abeto en árbol mágico. Las tradiciones germanas y sus leyendas, cuentan que este árbol es hábitat de los elfos, que moran en su tronco.

Los elfos, como espíritus del bosque que eran, podían interferir en la vida de la gente. Por ese motivo, los leñadores ponían sumo cuidado al aprovisionarse de leña para no desgajar sus ramas ni hacerles daño. Molestar a un elfo se pagaba con la vida. Leyenda que no sólo ponía a salvo a este árbol, sino que le concedía una dimensión particular.

Es sabido, que su uso como árbol navideño es una continuación del que tuvo originariamente entre los germanos el roble, árbol que para ellos también era sagrado y en torno al cual se celebraban ritos.

Una coincidencia extraordinaria unió los destinos y significados de ambos árboles. Cuando en el siglo VIII san Bonifacio, que predicó el cristianismo a aquellos pueblos taló un roble, éste al caer aplastó muchos arbustos, y al haberse salvado un pequeño abeto el santo dijo: “He ahí el árbol del Señor; llamadlo desde ahora árbol del Niño Jesús” (Ecce arbor Domini; vocate illum abies Yhesu).

Abeto cómo árbol de Navidad

La costumbre del abeto se hizo muy popular, y ya en la Edad Media europea era una práctica frecuente el caracterizar con él la Navidad. En el siglo XVI estaba tan extendida la costumbre que un edicto alsaciano de 1.560 mandó que nadie tuviera más de un árbol y que éste no excediera los ocho pies de altura.