¿Acompañar o soltar?

Por: Miriam Baleón Flores.

Desde el amor se acompaña, pero en ocasiones no se deja crecer, ¿cuántas veces esperamos que un ser querido corrija el rumbo de su camino?, porque sabemos que se acerca a mucho dolor o eso es lo que pensamos; cuando en ocasiones no hay otra forma de crecer más que a través del dolor.

¿Ser espectadores del dolor ajeno nos dará algún tipo de crecimiento? Cada uno de los lectores tendrá su respuesta; la mía es que tal vez la lección es el respeto que debemos de tener al otro ser humano, incluso otorgándole la libertad de lastimarse.

Acompañar a la distancia es más doloroso que corregir el rumbo y quizá lo que queremos es tratar de evitar es nuestro propio dolor, porque al final nos va a doler ver mal a nuestras personas más queridas.

Pero que se puede hacer tal vez la frase más sabia que he podido encontrar al respecto es que: Ya en su tiempo lo hallarán. Y tal vez cada uno con el tiempo podrá responde a la pregunta de ¿cuánto nos hace crecer el acompañar en el proceso? y si no podemos, es porque al final duele demasiado la autodestrucción ajena, y muchos acabamos por alejarnos.

Con ambas decisiones creceremos en el autocuidado alejándonos, o como acompañantes; y en las dos maneras se presenta algo: el AMOR, no como el sentimiento que nos vende el romanticismo publicitario; sino como aquello que le da sentido a la humanidad como un pegamento que hace que la especie siga cohesionada con todas sus desavenencias y incongruencias.

Si soltaste a alguien que por sus decisiones te hacia daño felicidades priorizaste tu amor propio, y si te quedaste acompañando muchas felicidades eres valiente y tal vez tienes un secreto para no sufrir con el dolor ajeno, dejemos entonces que en el tiempo hallemos la respuesta. Y respetemos las decisiones ajenas que siempre vendrán de lugares desconocidos que tal vez valgan la pena explorar, por lo menos para ganar experiencia en esta vida.