
Por: Jorge Gómez Carranco
Para mí, el anuncio de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) sobre un endeudamiento interno de hasta un billón 700 mil millones de pesos para financiar programas sociales y otros rubros representa una señal de absoluta alarma y la confirmación de un modelo económico completamente insostenible.
Como militante de Acción Nacional, no puedo ver esta medida más que como un engaño sistemático a los mexicanos, que contrasta frontalmente con la falsa narrativa de austeridad y finanzas sanas que se ha pregonado desde el poder, con esta decisión, el gobierno federal vuelve a romper su promesa fundacional de no endeudar al país, llevando el saldo histórico de la deuda a niveles sin precedentes que ya rebasan los 20 billones de pesos y duplicando prácticamente los pasivos acumulados en muy poco tiempo.
Esta expansión desmedida del déficit fiscal refleja una incapacidad absoluta para gestionar con responsabilidad los recursos públicos y demuestra que la única prioridad es mantener a flote un aparato gubernamental ineficiente y costoso.
Me indigna ver cómo se pretende justificar este nivel monumental de endeudamiento bajo el pretexto de proteger el gasto social, nosotros en Acción Nacional nunca hemos estado en contra de apoyar a quienes más lo necesitan; por el contrario, defendemos que los apoyos deben ser universales, transparentes y tener un verdadero sentido de desarrollo humano, no servir como un mecanismo discrecional, opaco y netamente clientelar para asegurar cuotas electorales, es inadmisible que se pretenda endeudar al país por casi dos billones de pesos para fondear estructuras asistencialistas mientras se descuidan de forma criminal los servicios públicos esenciales.
La falta de recursos se resiente dolorosamente en la escasez crítica de medicamentos en hospitales públicos, en el abandono de la infraestructura escolar y en la alarmante carencia de estrategias reales y presupuestos dignos para combatir la delincuencia que azota a nuestras familias todos los días. Asimismo, mi preocupación se extiende al impacto devastador que este manejo financiero tiene en la economía cotidiana de los ciudadanos, cada peso que el gobierno toma prestado en el mercado interno absorbe la liquidez disponible, presiona al alza las tasas de interés, encarece el crédito para las familias que aspiran a comprar una vivienda o emprender un negocio, y drena una porción obscena del presupuesto nacional únicamente para pagar el costo financiero y los intereses de la deuda acumulada.
Mientras se destinan recursos colosales a obras faraónicas e improductivas que no generan retornos económicos viables, se asfixia la inversión privada, se ahuyenta la confianza de los mercados internacionales y se merma la competitividad de México frente a las grandes oportunidades globales de relocalización industrial, al final del día, tengo muy claro que la fiesta del gasto irresponsable de hoy la terminaremos pagando todos los mexicanos de mañana mediante presiones inflacionarias, una pesada y asfixiante carga fiscal, menores oportunidades de desarrollo y una vulnerabilidad financiera inaceptable ante cualquier choque externo. Hipotecar el futuro de las próximas generaciones para tapar los huecos de una pésima administración hacendaria es un error histórico que no podemos normalizar.
Para evitar que México siga cayendo en este espiral destructivo en endeudamiento, es urgente aplicar una solución integral basada en la disciplina fiscal, la reingeniería del gasto y la reactivación económica.
Como alternativa viable, propongo implementar un plan de austeridad real que elimine el dispendio gubernamental en megaproyectos sin rentabilidad social y redirija esos flujos hacia la salud, la educación de calidad y la seguridad pública.
En segundo lugar, debemos dotar a los programas sociales de reglas de operación estrictas, auditables y libres de condicionamiento político, garantizando que funcionen como trampolines hacia la formalidad laboral y no como dependencias vitalicias.
En tercer lugar, es fundamental otorgar plena certidumbre jurídica a la inversión privada nacional y extranjera, creando un entorno propicio para la confianza que reactive el crecimiento del Producto Interno Bruto por la vía de la productividad y la generación formal de empleos, y no mediante el endeudamiento gubernamental, solo a través del orden, la transparencia y el respeto absoluto al dinero de los contribuyentes lograremos rescatar las finanzas de nuestra nación y asegurar un porvenir de verdadera prosperidad para todos.