lunes, 5 de octubre de 2026 Noticias al momento
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La desaparición de Hugo Alejandro Hernández Tello, estudiante de la BUAP, el pasado 5 de septiembre, colocó a su familia durante 17 días en uno de los escenarios emocionalmente más difíciles: vivir entre la esperanza y la incertidumbre.

Desde la tanatología, esta experiencia puede comprenderse como un duelo ambiguo. La persona está ausente, pero no existe certeza sobre lo ocurrido. La familia busca, espera, imagina escenarios y se aferra a la posibilidad de encontrarlo con vida. Cada día sin respuestas puede convertirse en una nueva fuente de angustia.

El 22 de septiembre llegó la confirmación de su fallecimiento. Con ella terminó la incertidumbre sobre su paradero, pero comenzó otro proceso: el duelo por la pérdida definitiva.

La familia puede experimentar tristeza, enojo, culpa, incredulidad e incluso cierto alivio por haber terminado la espera. Ninguna de estas emociones debe ser juzgada. El duelo no tiene una manera correcta de vivirse ni un tiempo establecido para terminar.

También pueden aparecer preguntas difíciles: ¿qué ocurrió?, ¿pudo haberse evitado?, ¿por qué sucedió? Mientras las autoridades continúan investigando las circunstancias de la muerte, es importante evitar especulaciones que puedan incrementar el sufrimiento de quienes están viviendo la pérdida.

Desde la perspectiva tanatológica, encontrar a una persona desaparecida sin vida no significa que el dolor termine. Significa que la incertidumbre se transforma en ausencia. Después vienen la despedida, el silencio de la casa, las fechas importantes y todos aquellos momentos en los que la familia tendrá que aprender a vivir de una manera diferente.

Por eso, Hugo Alejandro no debe quedar reducido a una desaparición o a las circunstancias de su muerte. Fue estudiante, hijo, amigo, compañero y, sobre todo, una persona con una historia y proyectos propios.

La tanatología nos recuerda que duelar no significa olvidar. Significa aprender a integrar la ausencia a nuestra vida, conservando el vínculo afectivo con quien ya no está físicamente.

Quizá el mayor acto de amor hacia Hugo Alejandro sea permitir que su historia continúe siendo recordada por lo que fue y por lo que significó para quienes lo conocieron.

Porque después de una pérdida no se trata de dejar de amar.

Se trata de aprender a seguir viviendo llevando ese amor de una manera diferente.

 

Memento Mori

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