Tonantzin

Inmaculada Concepción

Santa María Xixitla

(Segunda Parte)

Por Dra. Margarita TLAPA ALMONTE

CHOLULA.- A través del tiempo las imágenes de las deidades fueron desplazadas y también sus significados a favor de los conquistadores, particularmente con el hecho de que Jesús había sido sacrificado para salvar a los hombres, algo semejante a los rituales mesoamericanos, lo que facilito el aceptar las nuevas imágenes de la Madre de Dios, bajo otra forma, pero que les recordaba a Cihuacoatl, Totci o Tonantzin, cada una nombrada en cada lengua de cada cultura para nombrar a la madre tierra y madre de los dioses. La Inmaculada Concepción de María ocupo a partir de la Colonia el espacio de las deidades indígenas. A través de su manto protector de una mujer que como todas las madres es buena con sus hijos para así representar la nueva religiosidad mestiza que fomento la devoción.

El papa Pío IX, mediante la bula Ineffabilis Deus, proclamó la Inmaculada Concepción de María en 1854. De los cuatro dogmas de fe en torno a María, su maternidad divina y su virginidad fueron aceptadas por la iglesia, los otros dos generarían por siglos polémicas. Tanto la Inmaculada Concepción, como la asunción en cuerpo y alma a los cielos de María (este dogma fue formulado por el papa Pío XII en 1950), fueron siempre prácticamente aceptadas por los estratos bajos del pueblo. La Inmaculada Concepción, dogma defendido y difundido arduamente por los franciscanos, resulta ser el principio esencial de la implantación del culto a María en México.

La creencia en la Inmaculada Concepción, sobre todo en círculos influyentes de la iglesia de Inglaterra: el sínodo celebrado en Londres en 1129 prescribió la fiesta de la Inmaculada Concepción para todas las diócesis inglesas de aquí se fue extendiendo con fuerza el culto hacia Francia e Italia. En Roma, fue hasta la tercera década del siglo XIII que en la curia se pudo escuchar una misa el día 8 de diciembre como día de la fiesta de la Inmaculada Concepción. La Orden de San Francisco fueron los primeros que se definieron con firmeza a favor de la Inmaculada Concepción, y fue hasta el siglo XV, apoyados por un papa miembro de su Orden, que introdujeron un oficio ritual solemne. En efecto, los franciscanos fueron la primera congregación que la adoptó en su calendario festivo en 1263. En los siguientes siglos los franciscanos continuaron siendo la fuerza impulsora en el fomento de la creencia en la Inmaculada Concepción.

La fiesta mariana, originada en época relativamente tardía en Bizancio, se aceptó así, en forma modificada, en la Iglesia latina. Sin embargo, el Concilio de Trento, el cual deliberó de 1545 a 1563, dejó de lado la discusión acerca de la Inmaculada Concepción, aunque para evitar un escándalo, un legado papal propagó que el Concilio no decidiría nada (al respecto), aunque sería piadoso creer en ella. Es interesante señalar que los franciscanos fomentaron la Devoción a la Inmaculada Concepción y también los jesuitas que contribuyeron a la propagación de la devoción y el culto de la Inmaculada Concepción. En México muy pronto se fue poblando el horizonte del imaginario religioso del occidente de imágenes de la Virgen María, presentándose en diferentes advocaciones, principalmente de la Purísima como una devoción prioritaria.

Es cierto que en el tercer concilio mexicano de 1585 se había instituido la celebración de la fiesta de la Inmaculada Concepción, pero no se llegó a más hasta que Carlos III decretó su patronazgo en todo el imperio. Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, perteneció a la Orden de San Francisco. Su posición como autoridad de la iglesia en la Nueva España fue innovador por necesidad, tuvo bajo su responsabilidad ordenar y sistematizar el adoctrinamiento de los naturales en todos los rumbos por donde las fronteras se iban ensanchando. Su misión como obispo, y al final, como arzobispo, abarcó de 1528 a 1548. Influido por la mística franciscana de la espiritualidad exaltada y el iluminismo milenarista, también mostró cercanías con el erasmismo llevado a un humanismo cristiano que se refleja en su quehacer episcopal. El trabajo de Zumárraga por erradicar la idolatría, lo ubica, lo ubican como uno de los sin embargo, era la manera lógica de proceder para ganar, lo más pronto posible, a la enorme masa indígena de esos años al sendero del único Dios.

Su tarea de levantar la fe cristiana a través de la religiosidad hispánica Jesús, la Virgen y Santiago en sus tres facetas (apóstol, evangelizador y guerrero). Siguiendo su formación teológica filosófica, no fue, al igual que los demás miembros de su orden, dado a la promoción de milagros, ni a aceptar la invención de imágenes, no, en el Nuevo Mundo, donde la tarea de implantación de la fe implicaba quitar de raíz cualquier protagonismo visionario-espiritual indígena, pues antes que nada debía afianzarse la doctrina cristiana, la única verdadera. En Occidente y en España. Hacer conciencia entre los indios de que las imágenes sólo representaban en su soporte débil a lo que en verdad debía ser objeto de veneración o adoración, esto es, a la Virgen o a Dios. El acto de venerar o adorar una imagen no se queda ahí, sino que la trasciende y se dirige a la divinidad.

Esta actitud franciscana por erradicar la idolatría y la confusión por las imágenes entre los indios, los condujo a enseñar la doctrina en la lengua de los naturales. No se trata de quitarles su vehículo de expresión propia y de comunicación con en el mundo, sino del reconocimiento de diferencias culturales capaces de nombrar las cosas de otra manera. Era el objetivo principal de la nueva iglesia, en la que las almas eran ganadas para Dios desde el principio con un plan de evangelización sin idolatrías ni supersticiones, por lo que los primeros franciscanos, como frecuentemente lo harían misioneros de otras órdenes, levantaron sus conventos y capillas sobre las ruinas de los templos paganos de los indígenas.

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