
Mis queridas y queridos lectores, no quería decirlo, pero se los dije…
En los últimos días hemos sido testigos de un espectáculo político que algunos describen como una “crisis histórica” del partido en el poder: Morena enfrenta tensiones internas, escándalos y fricciones que han sido aprovechados por sus adversarios políticos. Pero conviene separar la narrativa mediática de la realidad política estructural.
El episodio más sonado fue la resistencia pública del exdirector de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), quién se atrincheró durante días en su oficina en rechazo a su remoción, lo que desencadenó una crisis interna de comunicación y liderazgo dentro de las filas morenistas. El hecho fue simbólico y llamó la atención de la prensa nacional. 
Este tropiezo ocurrió en medio de un contexto más amplio en el que el partido morenista enfrenta múltiples frentes de disputa: desacuerdos internos, críticas por la forma de implementar reformas, y una oposición que capitaliza cualquier tropiezo para hablar de un supuesto “colapso político”.
* ¿Y en Puebla qué está pasando?
El panorama en Puebla es igualmente complejo, y muestra otro rostro de descontento social y político:
– Inseguridad sin respuestas claras
Apenas en esta semana, una balacera en un bar de Angelópolis dejó tres muertos, y la contradicción de versiones entre la Secretaría de Seguridad Pública estatal y la Fiscalía ha generado indignación y acusaciones de manipulación informativa. La indefinición oficial en torno al móvil del crimen intensificó el enojo de la población, que exige resultados concretos en materia de seguridad.
– Salud pública y crisis social
En Huauchinango, siete niños fueron hospitalizados por intoxicación tras consumir tamales contaminados con fentanilo, un caso que encendió alarmas sobre el control sanitario en los mercados públicos y la supervisión de vendedores ambulantes, un tema que la autoridad estatal ha delegado en los municipios.
– Libertad de expresión vs. políticas de control
La administración actual, encabezada por el gobernador Alejandro Armenta Mier, ha sido criticada por su manejo de la libertad de expresión. Aunque el mandatario ha negado intenciones de censura, insistiendo en que no habrá persecución por criticar a servidores públicos, la llamada “Ley de Ciberseguridad” o “Ley de Ciberasedio” provocó protestas y un amparo legal al considerarla excesiva y con potencial para criminalizar la crítica en redes sociales. 
Además, investigaciones periodísticas han puesto bajo la lupa al gobierno por monitorear y promover mensajes de apoyo en redes sociales por parte de burócratas, lo que ha sido observado como una estrategia para construir “likes” y apoyo digital artificial. 
– Problemas financieros y demandas
Al arrancar su gobierno, el estado enfrentó 89 litigios y demandas por más de 5 500 millones de pesos, carga económica que ha sido atribuida en parte a decisiones de administraciones anteriores, pero que ahora recae en la actual gestión con presión para sanear las finanzas públicas del estado.
Estas situaciones han generado descontento en diversos sectores de la población —activistas, periodistas, empresarios y la ciudadanía en general— que perciben un gobierno ineficiente, reactivo y con poco control sobre factores clave como la seguridad y la pobreza urbana.
– ¿Colapso o desgaste político?
Si se mide por el simple hecho de que Morena ya no controla todos los discursos ni tiene unanimidad absoluta, entonces sí, estamos ante un desgaste político importante. Pero decir que el partido “se cayó” o que su estructura de poder ha colapsado sería una exageración:
- Morena sigue siendo fuerza dominante en muchos espacios políticos.
- Puebla no está libre de apoyo a Morena, como lo demuestran los números de afiliación partidista en el estado.
Lo que sí resulta evidente es que tanto en el plano nacional como en el estatal se están ventilando públicamente disputas internas, errores de comunicación y crisis de liderazgo, que lejos de ocultarse, ahora se encuentran al escrutinio ciudadano.
El gobierno de Morena no “se ha caído” en el sentido institucional, pero sí enfrenta un momento de tensión política palpable e históricamente expuesto, en el que cada tropiezo se magnifica:
- En el plano federal, fallas de comunicación y pugnas internas alimentan la narrativa de fragilidad.
- En Puebla, la inseguridad, problemas de salud pública, decisiones legislativas controvertidas y cargas financieras han generado un descontento social visible.
Lo que estamos presenciando no es un derrumbe —es un ajuste de cuentas público y una batalla por la narrativa política, donde la ciudadanía y los opositores capturan cada resbalón para cuestionar al gobierno y a sus instituciones.