
¿Será que todo lo que necesitamos en la vida para aclarar dudas y situaciones son pláticas incomodas que nos hagan buscar un punto de encuentro? Cuando una situación nos molesta o nos incomoda muchas veces o confrontamos de manera agresiva, hacemos berrinche o de plano huimos del conflicto; quedándonos con nuestro pesar, sin saber que otra situación similar seguramente se presentará y provocará que salga a la luz un conflicto mayor, provocado por el hartazgo de lo que llevamos callando o evitando.
Y es que tener pláticas incomodas no es fácil, primero tenemos que tener autoconocimiento, pareciera fácil pero cada persona tiene ciertos límites o pueden lastimarla ciertas palabras o acciones que a otras personas no les incomodaría, también depende de la relación que tengan y de los límites o acuerdos a los que hayan llegado en cada relación; pero en la vida real las personas somos más complicadas, la mayoría no hablamos de los acuerdos dentro de las relaciones, muchos ni siquiera sabemos de nuestros límites hasta que la vida nos pone a prueba.
Entonces antes de la plática incomoda está el autoconocimiento, los límites y los acuerdos, y eso en sí ya es una plática incomoda que solo los más valientes se animan a abordar pero que sin duda es lo que nos puede evitar grandes dolores de cabeza.
El punto de las platicas incomodas nunca será incomodar al otro o a nosotros mismos aunque sea inherente, sino llegar a un punto de encuentro, para ello se necesita que la otra persona también sea receptiva y está abierta al diálogo y a la escucha consciente, se plática siempre desde el amor y reconociendo que todos los seres humanos tenemos nuestra forma de ser y estar a nuestra manera en este mundo y que para entender al otro debemos estar abiertos a vivir momentos que también nos incomoden un poco; todo sea para crecer y lograr siempre nuestra evolución, porque después de cada conflicto o cada crisis llega eso, entendimiento y evolución.