
PRIMERA PARTE
Dos años después, la pregunta ya no es si Pepe Chedraui tenía buenas intenciones.
La pregunta es si tiene la capacidad para gobernar Puebla capital.
Porque una cosa es ganar una elección con una estructura política poderosa, contar con el respaldo del partido gobernante y construir una imagen de empresario exitoso. Otra, muy distinta, es administrar una ciudad de más de un millón y medio de habitantes, enfrentar sus problemas y demostrar resultados.
José Chedraui Budib está por cumplir dos años al frente del Ayuntamiento de Puebla y su administración sigue enfrentando problemas que parecen superar su capacidad de respuesta: inseguridad, calles deterioradas, ambulantaje, desorden urbano y una preocupante dependencia de las intervenciones del Gobierno del Estado.
Su administración se presenta bajo el eslogan de una Capital Imparable.
Pero la realidad obliga a preguntar: ¿Imparable hacia dónde?
Una ciudad donde ocho de cada diez se sienten inseguros
Empecemos por uno de los indicadores más contundentes.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, correspondiente a junio de 2026, 81.3% de los habitantes adultos de Puebla capital manifestó sentirse inseguro.
Ocho de cada diez.
Es cierto que la percepción mejoró respecto al 84% registrado un año antes.
Pero también es cierto que Puebla continuó entre las diez ciudades con mayor percepción de inseguridad del país.
Entonces, ¿qué deberíamos celebrar?
¿Una reducción de algunos puntos porcentuales o preocuparnos porque la inmensa mayoría de los ciudadanos sigue sintiendo miedo?
Una administración puede presumir patrullas, operativos, reuniones de seguridad y estadísticas de delitos a la baja.
Pero cuando ocho de cada diez ciudadanos se sienten inseguros, existe una enorme distancia entre el discurso gubernamental y la tranquilidad que debería garantizarse.
El Ayuntamiento informó una reducción del 13% en la incidencia delictiva de 2025 respecto de 2024.
Es un avance que debe reconocerse.
Pero el dato no borra la percepción de inseguridad.
La seguridad pública no puede medirse solamente por lo que reporta el gobierno; también debe evaluarse por lo que vive y percibe la ciudadanía.
Y en Puebla capital la confianza todavía está lejos de recuperarse.
El ambulantaje: un problema que terminó exhibiendo la debilidad municipal
Quizá uno de los problemas que mejor refleja la dificultad de gobernar la capital sea el comercio ambulante.
No es un fenómeno nuevo.
Tampoco nació con Pepe Chedraui.
Pero después de dos años, su administración ya no puede limitarse a explicar que lo heredó.
Los datos publicados recientemente muestran una situación preocupante.
En Puebla existen alrededor de 90 organizaciones de comerciantes ambulantes, de las cuales aproximadamente diez concentran una presencia importante en distintos espacios del Centro Histórico.
Hasta julio de 2026, el Ayuntamiento mantenía 1,650 permisos vigentes para vendedores ambulantes distribuidos en 27 puntos de la ciudad.
Mientras tanto, la Dirección de Vía Pública contaba con aproximadamente 100 elementos para atender las tareas de supervisión y ordenamiento.
El problema no son los 1,650 permisos en sí mismos, porque un comerciante autorizado tiene derecho a trabajar conforme a las reglas.
El problema es la capacidad del gobierno para distinguir entre comercio permitido, ocupación irregular de espacios, incumplimiento de condiciones y posibles mecanismos de control ejercidos por organizaciones.
Y aquí surgen preguntas que el alcalde debería responder.
¿Cuántos comerciantes operan realmente sin autorización?
¿Cuántos espacios públicos han sido recuperados de manera permanente?
¿Cuántas inspecciones terminan en sanciones efectivas?
¿Cuánto se recauda por permisos?
¿Existen padrones públicos y verificables?
¿Quién controla la asignación de espacios?
Porque realizar operativos para retirar vendedores que después regresan al mismo lugar no representa una solución de fondo.
Representa una administración atrapada en un círculo de acciones temporales.
Una autoridad que recupera una calle por la mañana y pierde el control de ella por la tarde no está resolviendo el problema: solamente está administrando su propia incapacidad de sostener el orden.
Y que quede claro: no se trata de perseguir a quienes salen a vender para sostener a sus familias.
La informalidad tiene causas económicas profundas.
Se trata de exigir reglas claras, alternativas viables, espacios ordenados y condiciones equitativas para comerciantes establecidos y vendedores autorizados.
La necesidad de trabajar no elimina las obligaciones del Ayuntamiento.
Y la autoridad municipal tampoco puede renunciar a gobernar el espacio público por temor al costo político.
Más de 433 mil baches: ¿logro o retrato del deterioro?
Pasemos a las calles.
El propio Ayuntamiento informó que, hasta agosto de 2026, había atendido 433 mil 950 baches desde el inicio de la administración.
Casi 434 mil intervenciones.
La cifra se presenta como un resultado importante.
Pero también merece una lectura crítica.
Si se han tenido que reparar tantos baches, ¿qué tan deteriorada estaba la infraestructura vial?
¿Y cuánto ha mejorado realmente?
Porque contabilizar baches tapados no equivale a medir calles rehabilitadas.
Tampoco demuestra cuánto duran las reparaciones.
Ni cuántas vialidades vuelven a presentar daños.
Ni cuál es el costo por intervención.
La ciudad necesita conocer indicadores de calidad y durabilidad, no solamente cantidades acumuladas de trabajos.
Hay una diferencia entre tapar agujeros y resolver estructuralmente el deterioro de las calles.
Puebla no puede convertirse en una ciudad donde el éxito de la política de infraestructura se mida por la cantidad de veces que hay que reparar lo que sigue fallando.
Armenta pavimenta y Chedraui acompaña: ¿coordinación o dependencia?
Aquí aparece otra de las contradicciones más importantes de estos primeros dos años.
El Gobierno del Estado, encabezado por Alejandro Armenta, ha realizado intervenciones relevantes en vialidades de Puebla capital.
CONTINUARA…