miércoles, 14 de octubre de 2026 Noticias al momento
Comparte esta noticia

SEGUNDA PARTE

Durante 2026 anunció nuevas obras y un programa estatal que contempla decenas de vialidades.

Mientras tanto, el Ayuntamiento también ha desarrollado proyectos propios, entre ellos el Tren Capitalino de Pavimentación.

Por eso sería incorrecto afirmar que el municipio no realiza obra pública.

Pero sería igualmente incorrecto presentar toda la transformación vial de la capital como si fuera producto exclusivo del gobierno municipal.

Y ahí comienza la discusión política.

¿Por qué el Gobierno del Estado tiene que asumir una participación tan visible en la recuperación de las vialidades de Puebla?

¿La administración municipal cuenta con capacidad financiera, técnica y operativa suficiente?

¿O parte de sus limitaciones están siendo compensadas por la intervención estatal?

La coordinación es positiva.

Lo cuestionable sería que se convirtiera en una dependencia permanente.

Puebla necesita saber quién paga, quién ejecuta y quién se adjudica cada obra.

Porque cuando un gobernador termina siendo protagonista de buena parte de la recuperación de infraestructura en la capital, el presidente municipal tiene la obligación de explicar cuál es su propia aportación.

El ciudadano no debería conformarse con fotografías de inauguraciones.

Debería exigir presupuestos, contratos, kilómetros intervenidos, calidad de materiales y resultados verificables.

Un Ayuntamiento que debe explicar en qué gasta

El gobierno municipal no es una empresa de publicidad.

Es una institución encargada de administrar recursos públicos.

Y después de dos años, el alcalde debería presentar un balance financiero que permita saber qué porcentaje del presupuesto se ha destinado a inversión pública, cuánto a gasto administrativo y cuánto a servicios que impactan directamente en las colonias.

También debería explicar qué proporción de las obras ejecutadas en la capital fue financiada con recursos municipales, estatales o federales.

Porque una administración no puede medirse únicamente por el número de acciones anunciadas.

Debe evaluarse por la relación entre el dinero gastado y los problemas efectivamente resueltos.

Si se gastan millones y las condiciones de vida no mejoran suficientemente, existe un problema de eficacia gubernamental.

Y eso también debe cuestionarse.

El problema de fondo: una administración que parece reaccionar más de lo que planea

Seguridad.

Ambulantaje.

Baches.

Ordenamiento urbano.

Servicios públicos.

Son problemas distintos, pero comparten una característica: requieren planeación, continuidad, autoridad y evaluación.

Sin embargo, la administración municipal parece concentrar buena parte de su comunicación en anunciar intervenciones, supervisiones y acciones correctivas.

Se tapa el bache.

Se anuncia el operativo.

Se supervisa la calle.

Se presenta el programa.

Se publica la fotografía.

Pero la pregunta fundamental permanece: ¿Qué problema quedó realmente resuelto?

Puebla necesita un gobierno capaz de anticiparse a los problemas, no solamente de reaccionar cuando éstos se vuelven mediáticamente incómodos.

Necesita una estrategia de mantenimiento vial de largo plazo.

Un programa verificable de recuperación del espacio público.

Indicadores de seguridad que vayan más allá de la disminución de carpetas.

Y una política de servicios públicos que llegue a colonias, unidades habitacionales y juntas auxiliares.

Porque gobernar una ciudad no consiste en aparecer en todas las fotografías.

Consiste en lograr que los resultados aparezcan en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Pepe Chedraui ya no puede gobernar con el argumento de la herencia

Es verdad que muchos de los problemas de Puebla tienen décadas.

El ambulantaje no comenzó en 2024.

Los baches tampoco.

La inseguridad no apareció con esta administración.

Y sería irresponsable responsabilizar al alcalde de cada problema estructural de la ciudad.

Pero existe una responsabilidad que sí le corresponde.

Fue elegido para enfrentarlos.

No para explicar indefinidamente por qué existen.

Después de dos años, la ciudadanía tiene derecho a exigir resultados propios, medibles y sostenibles.

Porque si una administración necesita seguir justificándose en lo que hicieron o dejaron de hacer sus antecesores, comienza a revelar una preocupante ausencia de resultados suficientemente contundentes.

La elección ya terminó.

La campaña ya terminó.

El periodo de adaptación también debería haber terminado.

Ahora corresponde gobernar.

Una capital que exige más de su alcalde

Pepe Chedraui llegó con una oportunidad política extraordinaria.

Tenía respaldo electoral, relaciones institucionales y la posibilidad de coordinarse con gobiernos del mismo bloque político.

Esas condiciones deberían facilitar la gestión.

No convertirse en excusa para diluir responsabilidades.

Si el Gobierno del Estado ejecuta obras, hay que reconocerlo.

Si el Ayuntamiento realiza trabajos, también.

Si los delitos disminuyen, debe informarse.

Pero si ocho de cada diez poblanos siguen sintiéndose inseguros, también debe decirse.

Si el comercio ambulante continúa generando conflictos por el uso del espacio público, debe enfrentarse.

Y si después de cientos de miles de reparaciones las calles siguen necesitando intervenciones constantes, debe evaluarse la estrategia.

Porque el ciudadano no vive dentro de un informe de gobierno.

Vive en una colonia.

Camina por una banqueta.

Circula por una avenida.

Espera transporte.

Abre un negocio.

Regresa a casa.

Y ahí es donde verdaderamente se evalúa a un alcalde.

Dos años después: ¿la ciudad supera al presidente municipal?

Sería exagerado afirmar que Pepe Chedraui no ha hecho nada.

Pero también sería complaciente confundir actividad gubernamental con transformación.

Después de casi dos años, los indicadores y los problemas persistentes justifican cuestionar si la administración está respondiendo a la dimensión de la capital.

Porque Puebla no necesita un presidente municipal que solamente gestione los problemas.

Necesita uno que los resuelva.

No necesita una estrategia de comunicación que convierta cada intervención en un acontecimiento.

Necesita resultados que hagan innecesario presumir lo elemental.

Y mucho menos necesita que el Gobierno del Estado termine cargando con una parte importante de las expectativas de transformación urbana.

La coordinación entre gobiernos no puede ser el sustituto de la capacidad municipal.

Pepe Chedraui debería aprovechar su segundo informe para responder una pregunta que va mucho más allá de la propaganda:

¿Qué problemas estructurales de Puebla capital están hoy mejor resueltos que cuando asumió el cargo?

Porque las calles, la seguridad y el espacio público no se gobiernan con eslóganes.

Y los resultados no se miden por el tamaño de las fotografías.

Se miden por la transformación de la ciudad.

Puebla capital no puede conformarse con tener un alcalde que administra el deterioro mientras otros gobiernos ayudan a repararlo.

Y después de dos años, quizá la conclusión política más incómoda sea ésta:

  • Pepe Chedraui llegó prometiendo una Capital Imparable, pero todavía tiene que demostrar que la ciudad no terminó rebasando a su propio gobierno.
Comparte esta noticia