Nay Salvatori y Grace Palomares: cuando ser influencer pesa más que ser diputada

PRIMERA PARTE

En política hay frases desafortunadas. Hay errores de comunicación. Y después están aquellas expresiones que terminan revelando algo más profundo sobre la manera en que algunos representantes populares entienden el cargo para el que fueron electos.

Eso ocurrió con las diputadas poblanas Nay Salvatori y Grace Palomares.

Durante una conversación difundida en el podcast Descasadas, ambas participaron en comentarios sobre hombres de mayor edad que rápidamente provocaron indignación. Entre las expresiones que trascendieron estuvieron referencias a que los adultos mayores «huelen a baúl» o que «ya se están pudriendo».

El contexto era informal. No estaban en tribuna. No estaban presentando una iniciativa. Tampoco participaban en una sesión legislativa.

Y precisamente ahí comienza el debate.

Porque Nay Salvatori y Grace Palomares pueden tener vida privada, sentido del humor, opiniones personales e incluso desarrollar contenidos de entretenimiento.

Lo que no pueden hacer es olvidar que son diputadas.

La polémica alcanzó tal dimensión que Morena Puebla se deslindó públicamente de sus expresiones y sostuvo que cada militante debía hacerse responsable de sus declaraciones. Posteriormente ambas legisladoras ofrecieron disculpas públicas y la dirigencia nacional solicitó que el caso fuera revisado internamente.

Pero reducir el problema a una disculpa sería quedarse en la superficie.

No se trata solamente de «viejitos»

La discusión verdaderamente importante tiene que ver con la discriminación por edad.

El edadismo consiste precisamente en construir prejuicios, estereotipos o conductas discriminatorias hacia las personas debido a su edad.

Y cuando las expresiones provienen de representantes populares, adquieren una dimensión diferente.

Un influencer puede construir su audiencia provocando, exagerando, haciendo humor negro o generando controversia.

Un diputado tiene obligaciones diferentes.

Representa ciudadanos.

Incluso representa a aquellos que nunca votaron por él.

Ahí está la diferencia que parece haberse perdido.

Las redes sociales transformaron la política. Hoy un representante popular necesita comunicar, utilizar TikTok, Facebook, Instagram y cualquier plataforma que le permita acercarse a los ciudadanos.

El problema comienza cuando la ecuación se invierte.

Cuando ya no se utilizan las redes para comunicar el trabajo legislativo, sino que el cargo legislativo se convierte en escenografía para producir contenido.

Y no es la primera polémica.

En marzo de 2025, Nay Salvatori publicó un video desde el Congreso mostrando los «outfits» de varios diputados, entre ellos Grace Palomares. Ante las críticas, defendió el contenido como humor y sostuvo que ese tipo de publicaciones le permitían conectar con audiencias que otros políticos no conseguían alcanzar.

Salvatori ha defendido públicamente su capacidad para desempeñarse simultáneamente como empresaria, diputada, creadora de contenido y humorista.

Y tiene derecho a hacerlo.

Pero existe una pregunta que cualquier ciudadano también tiene derecho a formular:

¿Cuál de esas actividades debe tener prioridad cuando se recibe un salario público para legislar?

La pregunta adquiere mayor relevancia cuando se revisan otros datos.

En marzo de 2026, una revisión realizada con información del Congreso de Puebla reportó que Nay Salvatori acumulaba 40 ausencias justificadas a reuniones de comisiones y Grace Palomares 39, colocándolas entre los legisladores con mayor número de faltas en ese ámbito.

Las ausencias estaban justificadas legalmente.

Pero políticamente el dato importa.

Porque cuando un representante popular tiene una enorme presencia digital mientras simultáneamente acumula decenas de ausencias justificadas en espacios donde se realiza parte del trabajo legislativo, la ciudadanía tiene derecho a preguntar cuáles son realmente sus prioridades.

No se trata de prohibir TikTok.

Se trata de recordar para qué fueron elegidas.

El algoritmo no puede gobernar al Congreso

Nay Salvatori posee algo que muchos políticos desearían: una enorme capacidad de comunicación.

Su presencia digital se cuenta por millones de seguidores. Esa audiencia representa un activo político extraordinario.

 

CONTINUARA…