Límites a tiempo.

Para muchos no existen límites en su vida diaria y logran muchos objetivos y metas, pero ¿qué sucede cuando no sabemos determinar nuestros propios límites? ¿Cuántas veces hemos llevado a nuestro propio cuerpo más allá del límite? Sin horas de sueños suficiente, con comida que no nos alimenta y cayendo en excesos, y no solo es físico en las relaciones es complicado poner límites porque ni siquiera los conocemos; tenemos tanto desconocimiento de lo que nos disgusta o nos gusta que nos pasamos la vida permitiendo y excusando cuando alguien nos agrede, o reaccionamos muy mal cuando nosotros mismos no hemos marcado los límites en las relaciones, y regresamos al círculo vicioso, ¿cómo puedo marcar un límite si ni siquiera los conozco?

Sin duda el primer punto para marcar los límites es el autoconocimiento, saberme consiente de lo que me disgusta, tener por lo menos una idea de lo que espero de las relaciones y de los que no me gusta tolerar, y claro luego esta comunicarlo desde un inicio con la suficiente asertividad para que el otro no se moleste.

Si se pudiera tener más conversaciones incómodas dentro de nuestras relaciones personales diarias y pudiéramos establecer que esperamos y que nos molesta, antes de tener que alzar la voz o terminar con relaciones y no solo definir nuestras expectativas sino ser claros y escuchar para saber que nos han entendido, porque al final sé que me comunique de manera asertiva en base a la respuesta del que me escucha; entendiendo que cada ser humano tiene a la vez sus limitantes.

Tal vez el día que podamos aprender a marcar límites sanos, dejaremos de caer en guerras absurdas tanto internas como externas, es el momento de escucharnos más y aprender de nosotros mismos, antes de querer cambiar al mundo y entender que los límites también son una construcción tanto social como interna, y solo al reconocerlo podemos determinar que límites se pueden vencer y cuáles tengo que mantener para mi autocuidado y preservación.