
Por: Alejandro Mario Fonseca
Hace poco tiempo (14/3/2026) falleció Habermas a los 96 años de edad, el último filósofo de la Escuela de Frankfort, que es famosa por su contribución a la Teoría Crítica de la sociedad, de base marxista.
Pero al grano, ¿qué nos dejó a los estudiosos de la ciencia política la obra de Habermas? Pues por lo menos, dos grandes ideas que valen oro molido: la de la modernidad como un proyecto inacabado; y la de la acción comunicativa.
Se que hablar de Habermas ahora que se desató el monstruo de la inteligencia artificial, suena escatológico, antiguo, huele a rancio. Sin embargo, acabo de descubrir que los politólogos de frontera, siguen trabajando con esas dos valiosas ideas.
Mar de dudas (Grano de sal; 2025) de Carlos Bravo Regidor, es un libro de 14 entrevistas en las que aparecen algunas de las figuras intelectuales de mayor actualidad. Y es en la primera, Gestionar la complejidad, en la que el autor dialoga con el politólogo vasco Daniel Innerarity, donde descubrí la enorme herencia habermasiana.
Ambas ideas, la de la modernidad como un proyecto inacabado y la teoría de la acción comunicativa, requieren comentarios más amplios, por lo pronto cierro este primer escrito con una reflexión sobre nuestro quehacer cotidiano.
Fe en el progreso
Innenarity en pleno diálogo con Bravo Regidor se da cuenta de que es un “optimista moderado”: se descubre a sí mismo dialogando. Ahí está la clave, nos urge dialogar con humildad, nos urge aprender a escuchar al otro, a los otros.
La herencia que nos dejó Habermas, la idea de que el proyecto de la Ilustración sigue vigente, de que hay que regresar al pensamiento original de Kant, me lleva a la conclusión de que la fe en el progreso no significa que la historia de las ideas sea lineal.
La especialización y la super especialización en los distintos quehaceres humanos han impedido que la modernidad llegue a buen puerto; vivimos en “tribus” en las que cada una habla un solo idioma; lo que nos hace falta es, insisto, el diálogo sincero con aquellos que no piensan igual que nosotros.
Después de leer Mar de dudas, para mí quedó muy claro: no se trata de discutir el fracaso de la modernidad como proyecto, sino de imaginar su viabilidad en estos tiempos de desesperanza. En gran medida lo que denota esta discusión filosófica es la pérdida de la fe en un futuro mejor; la pérdida de la fe en el progreso.
Y en el núcleo duro de esta pérdida de fe, está el hecho de que nos sentimos cada vez más sometidos a fuerzas que no controlamos. Nos sentimos títeres manipulados. Y con la inteligencia artificial peor todavía.
Y nos sentimos así porque los derechos y las libertades que se nos han prometido a lo largo de la historia, sencillamente nunca han cristalizado en un verdadero bienestar social.
Hoy en día los mexicanos seguimos sometidos a rígidos roles sociales jerárquicos. Antes era el PRI, ahora es Morena, ya no creemos en nada ni en nadie. La desconfianza campea en todos los aspectos de la vida económica política y social.
¿Qué hacer para recuperar la confianza, la fe en el progreso? Dialogar es confiar. Criticar y participar activamente en donde se pueda y como se pueda. La Cuarta transformación avanza muy lentamente, a cuenta gotas, con muchos tropiezos, así que no podemos ni debemos quedarnos esperando a que las nuevas élites morenistas nos resuelvan los problemas, no va a suceder.