sábado, 7 de noviembre de 2026 Noticias al momento
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Cuando el gobernador Alejandro Armenta soltó la afirmación de que Volkswagen genera el mismo trabajo que la Central de Abastos, no solo cometió una imprudencia discursiva frente al principal motor industrial y exportador de Puebla; exhibió una de las confusiones económicas y culturales más arraigadas en la sociedad: creer que el valor del trabajo se mide en litros de sudor y kilos cargados.

El populismo adora el sacrificio visible.

El sentido común tradicional aplaude al que se levanta a las cinco de la mañana, se parte la espalda doce horas seguidas y termina la jornada con las manos encallecidas y la ropa manchada. A ese se le cuelga de inmediato la medalla de muy trabajador.

En contraste, quien entra a una oficina a las nueve, se sienta frente a un monitor en una silla ergonómica con aire acondicionado, viste impecable y sale a las cinco tras una hora tranquila de comida, carga a menudo con un estigma sutil: parecer que no hace nada.

Esa percepción confunde el desgaste biomecánico con la productividad marginal.

Desde la teoría económica elemental, los salarios y el valor añadido jamás se determinan por el esfuerzo físico invertido, sino por la escasez de las habilidades, el capital humano acumulado y el valor del bien o servicio resultante. Un albañil realiza un esfuerzo físico incomparablemente mayor que el arquitecto que firma los planos o el ingeniero estructural que calcula los claros de carga; sin embargo, el arquitecto y el ingeniero perciben ingresos sustancialmente superiores. No se les paga por mover tabiques, sino por saber con exactitud matemática dónde colocarlos para que la estructura no colapse.

La misma lógica desbarata cualquier comparación simplista entre oficios tradicionales e industrias de alta especialización. Un carnicero de jornada extenuante puede estar en friega constante despostando canales de carne durante doce horas al día; su labor es respetable, pero el mercado laboral recompensa otra variable: la reproducibilidad de la tarea.

Cuanto más común o fácilmente entrenable es una función, menor es su poder de fijación salarial. Por el contrario, acumular tres carreras universitarias y dos maestrías representa años de costo de oportunidad, absorción de riesgo intelectual y desarrollo de criterios complejos para resolver problemas que el 99% de la población no sabría ni por dónde empezar a diagnosticar.

No te pagan por sudar, te pagan por resolver. Te pagan por el cúmulo de decisiones acertadas que evitan pérdidas millonarias, optimizan procesos o crean tecnología de punta.

Decir que la Central de Abastos y la planta de Volkswagen en Cuautlancingo dan el mismo trabajo ignora la densidad de la cadena de suministro, la transferencia tecnológica, las certificaciones globales y el ecosistema de ingeniería automotriz que sostiene a la entidad. El comercio informal y el abasto primario mueven volumen, pero la manufactura avanzada genera valor agregado y especialización.

Confundir la faena física con la productividad técnica es un anacronismo que abarata el mérito intelectual y perpetúa la falsa idea de que el intelecto no trabaja.

 

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