
POR LAURA ZEPEDA
En fechas próximas estaremos en la época más linda colorida y esperada por muchos, el invierno lo cual nos lleva a esta frase que no habla del frío, habla de algo más esencial.
Una metáfora que lo dice todo sin decirlo esta frase funciona en dos niveles simultáneos, es más literal, evoca algo que cualquiera ha experimentado.
La diferencia entre pasar frío del invierno con personas queridas, con el calor del hogar y con la memoria de momentos buenos, frente a atravesar esa misma estación desde la soledad o desde una vida sin vínculos que la sostengan.
El mismo frío objetivo produce experiencias radicalmente distintas según lo que cada persona lleva adentro.
En el nivel más profundo, el invierno es una metáfora de todo aquello que en la vida resulta duro, oscuro o difícil de soportar.
Las pérdidas, los fracasos, los períodos de incertidumbre o de soledad, y los recuerdos cálidos son los vínculos, las experiencias compartidas, el amor recibido y dado, todo aquello que proporciona una base interior desde lo posible de resistir lo que viene de fuera.
La investigación en psicología del bienestar lleva décadas estudiando qué es atravesar las dificultades sin quedar destruidas por ellas mientras otras quedan atrapadas en el sufrimiento.
Uno de los factores más consistentemente identificados es exactamente lo que describe la frase.
La calidad de los vínculos afectivos y la riqueza de la memoria emocional.
Las personas que han construido relaciones genuinas, que han acumulado experiencias de amor, de pertenencia y de conexión real con otros, disponen de un recurso interior que las acompaña incluso cuando esas personas o esos momentos ya no están físicamente presentes.
El recuerdo de haber sido querido, de haber compartido algo verdadero, que haber estado en lugares y situaciones que importaron, tiene un peso protector que la psicología ha documentado en múltiples contextos, desde la capacidad de superar duelos hasta la resistencia frente a la depresión.
Lo que hace especialmente poderosa esta frase es que apunta a un tipo de pobreza que no se mide con dinero ni con posesiones.
Alguien puede tener todos los recursos materiales imaginables y al mismo tiempo no tener nada que le caliente por dentro cuando el frío arrecia.
Y alguien con muy poco en términos materiales que puede atravesar los inviernos más duros sosteniendo por riqueza de lo que ha vivido y de las personas que ha tenido cerca.
La pregunta a esta frase sería entonces:
“El invierno llega siempre, pero estás con suficientes momentos y personas que lo cobijen”