
Dicen que todos los caminos llevan al 27.
Y así parece ser, cuando todo se politiza.
José Luis García Parra sabía que este miércoles no iba a convencer a todos.
Ni siquiera era el objetivo.
Su comparecencia en el Congreso tenía el propósito de poner sobre la mesa los datos del Cablebús frente a una oposición que desde hace meses decidió convertir el proyecto en su principal bandera política.
Lo consiguió.
Habló de inversión, estudios, movilidad, impacto ambiental y tiempos de traslado.
Pero el Cablebús ya dejó de ser solamente una obra de infraestructura.
Ya es un asunto político.
Los números ahí están:
*La inversión terminó siendo menor a la prevista.
*El proyecto pasó por modificaciones importantes para reducir el impacto ambiental.
*El número de árboles afectados bajó considerablemente.
*El recorrido quedó fuera del polígono protegido por la UNESCO.
*Se integrará con RUTA y el transporte existente.
*Habrá gratuidad para estudiantes, adultos mayores y personas con discapacidad.
*Reducirá tiempos de traslado en zonas donde moverse puede consumir hasta dos horas del día.
Todo eso lo volvió a explicar García Parra.
Cerrazón
Pareciera que Parra habló a la pared.
Para algunos nada de lo que dijo existe.
Claro, la oposición en su papel tiene todo el derecho de cuestionar una obra de más de seis mil millones de pesos.
Finalmente es dinero público y debe revisarse hasta el último centavo.
Lo que llama la atención es que el discurso prácticamente no se ha movido, aunque el proyecto sí.
Cada ajuste técnico parece pasar inadvertido.
Cada modificación al trazo se minimiza.
Cada explicación recibe como respuesta los calificativos de ecocidio, imposición y opacidad.
El problema aparece cuando llegan las preguntas incómodas.
Si no es el Cablebús, ¿entonces qué?
Puebla sigue creciendo con sus vialidades saturadas.
Miles de personas siguen perdiendo buena parte de su día arriba del transporte público.
Las colonias del norte continúan esperando una solución distinta a subir otro microbús.
No deja de ser curioso que algunos personajes que durante años guardaron silencio frente al deterioro del transporte público hoy descubran una defensa apasionada de la movilidad.
Hay dudas legítimas y deben responderse.
Para eso sirven las comparecencias, los estudios técnicos y la rendición de cuentas.
Pero una cosa es revisar una obra y otra muy distinta apostar a que fracase porque políticamente conviene.
García Parra salió del Congreso con la tarea cumplida: defender el proyecto con cifras y responder los cuestionamientos. Si convenció o no, será otra historia.
La oposición también salió con la suya, mantener vivo el debate y tratar de empantanarlo.
Lo interesante vendrá después.
Tiempo al tiempo.