martes, 3 de noviembre de 2026 Noticias al momento
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Cada año, cuando noviembre se aproxima, México se llena de flores de cempasúchil, veladoras y altares que resguardan fotografías de quienes ya partieron. El Día de Muertos es mucho más que una tradición: es una oportunidad para recordar que la muerte puede terminar con una presencia física, pero no con la huella que una persona deja en nuestra vida.

Desde la tanatología, estas celebraciones adquieren un significado especial. Preparar el platillo favorito de un ser querido, colocar su fotografía o encender una vela son actos que permiten expresar el amor que permanece, incluso después de la despedida. Para muchas familias, estos rituales representan una forma de mantener vivo el recuerdo y encontrar consuelo ante la ausencia.

Sin embargo, el duelo no se vive de la misma manera para todos. Mientras algunas personas recuerdan con alegría, otras experimentan tristeza, nostalgia o un profundo vacío. Ninguna de estas emociones es incorrecta. Recordar también puede doler, especialmente cuando la pérdida es reciente.

Por ello, el Día de Muertos nos invita a comprender que superar una pérdida no significa olvidar, sino aprender a vivir con la ausencia y encontrar nuevas formas de conservar el vínculo emocional con quien murió.

Esta tradición también nos recuerda algo fundamental: mientras honramos a quienes se fueron, debemos cuidar a quienes permanecen. Escuchar, acompañar y expresar nuestros sentimientos a tiempo son maneras de dar sentido a la vida.

Quizá el verdadero significado de estas fechas no se encuentre únicamente en los altares, sino en aquello que representan: la certeza de que las personas que amamos forman parte de nuestra historia y de que su recuerdo puede seguir acompañándonos.

Porque recordar es una manera de amar, y aprender a vivir con la ausencia es también una forma de honrar la vida.

Memento mori

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