Decálogo para no perder el piso

* «Casi todos los hombres pueden soportar la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder.»

* Abraham Lincoln

Pocas cosas dan más pena ajena que ver a alguien confundir un puesto público con un permiso para tratar mal a los demás.

Es algo que pasa muy seguido: una persona recibe un nombramiento en el gobierno y, de la noche a la mañana, cambia por completo.

Empieza a hablar de forma pesada, mira a todos por encima del hombro y actúa como si las reglas, la ley y la buena educación no fueran con ella.

Pasa casi a diario, pero de vez en cuando la realidad los pone en su lugar.

Esta semana ocurrió en San Andrés Cholula, donde una nota dejó ver de cuerpo entero lo que pasa cuando el cargo se le sube a la cabeza a alguien:

La escena es vergonzosa. Esa clásica frase de ¿que no sabes quién soy yo? no es más que el grito desesperado de alguien que, sin su puesto, siente que no vale nada.

Cuando una persona no tiene respeto ni autoridad moral, lo único que le queda es hacer escándalo, presionar y presumir contactos para no asumir las consecuencias de sus actos.

Para evitar convertirse en esa triste versión de funcionario que termina grabado en redes sociales, gritándole a los policías de tránsito que solo hacen su trabajo, vale la pena recordar estas diez reglas básicas de sentido común y humildad:

Decálogo para no perder el piso:

I. Un puesto es un trabajo prestado, no un título para siempre.

Tú no eres el cargo que ocupas. Solo eres un ciudadano a quien le dieron una responsabilidad por un tiempo. Cuando se termine tu periodo, vas a regresar a la misma fila del súper y al mismo tráfico que todos los demás.

II. Si nadie te conoce en la calle, no pasa nada; compórtate.

Enojarse porque un policía o un vecino no sabe quién eres no demuestra importancia, sino inmadurez. Nadie tiene la obligación de reconocerte ni de darte un trato especial.

III. La ley es para todos, empezando por ti.

Si trabajas para la gente, debes ser el primero en dar el ejemplo. Querer saltarte un alcoholímetro o evitar pagar un choque usando tu puesto solo demuestra cobardía.

IV. El alcohol y el poder son una mala combinación.

Tomar de más quita el control; el poder mal entendido quita la vergüenza. Juntar las dos cosas en la calle solo trae accidentes viales y la pérdida total de tu reputación.

V. Presumir influencias es de débiles.

Amenazar a un oficial o a cualquier persona con (hablarle a un jefe) solo demuestra que no eres capaz de hacerte responsable de tus propios errores como un adulto.

VI. Quédate con los amigos que te dicen la verdad.

Rodearte de gente que te aplaude todo, incluso tus tonterías, te va a llevar directo al fracaso. Busca amigos que tengan el valor de decirte: (te estás equivocando y te estás viendo mal)

VII. El respeto se gana con educación, no con gritos.

La gente no respeta al que alza la voz ni al que intenta intimidar. El verdadero respeto se nota en la calma, en el trato amable y en saber aceptar cuándo se cometió una falta.

VIII. Acuérdate de que todo se acaba.

Recuerda todos los días que los aplausos, el coche oficial y las atenciones se terminan. Cuando ya no tengas el puesto, lo único que te va a quedar es tu nombre: cuida si la gente te recordará con respeto o con burla.

IX. Respeta a quien está trabajando.

El oficial de tránsito o el policía que está de guardia en la madrugada está cuidando a la ciudadanía. Tratarlo mal solo porque tienes un cargo habla muy mal de tu calidad como persona.

X. El poder no te cambia, te descubre.

Tener algo de autoridad saca a la luz quién eres en realidad. Si al tener un puesto te vuelves arrogante y grosero, no es que el cargo te haya arruinado: simplemente sacó a flote lo que siempre fuiste por dentro.

Casos como el de San Andrés Cholula no son solo escándalos de un día en redes sociales. Son lecciones para cualquiera que tenga o busque un puesto público. Tener poder es una prueba diaria de paciencia y sencillez. Si alguien no puede controlar lo que hace en una noche de copas, difícilmente podrá tomar decisiones importantes para la gente.

Aprender a mantener los pies en la tierra es una necesidad básica. Porque cuando el puesto se acaba y nadie te contesta el teléfono, lo único que se queda contigo es la persona que fuiste.