De Puebla a Nuevo León: las vidas políticas de Edgar Hernández

En política hay personajes cuya trayectoria puede explicarse fácilmente por las siglas de un partido.

Hay otros que terminan construyendo su historia atravesando gobiernos, grupos políticos, elecciones, conflictos y distintas responsabilidades públicas.

Edgar Hernández Hernández pertenece al segundo grupo.

Su recorrido por la administración pública poblana y, más recientemente, por el Gobierno de Nuevo León, permite observar a un personaje que ha aprendido a moverse entre dos mundos que no siempre conviven: la operación territorial y la administración pública.

Su historia política comenzó muchos años antes de ocupar un cargo de elección popular.

Y para entenderla hay que mencionar necesariamente un nombre:

Alberto Amador Leal.

La primera escuela

Quienes conocieron aquellos primeros años recuerdan a Edgar Hernández como uno de los jóvenes cercanos al ingeniero Amador Leal.

A su lado conoció el Congreso de la Unión, la organización política, las giras, las reuniones privadas, la construcción de acuerdos y esa parte de la política que ocurre lejos de los discursos y las cámaras.

Hernández no fue únicamente un acompañante.

Con el paso del tiempo se convirtió en colaborador cercano y conocedor de distintos proyectos del ingeniero.

Amador Leal no solamente le transmitió conocimientos. También le dio respaldo, relaciones, presencia y, posiblemente, algo todavía más importante: una manera de comprender el ejercicio del poder y del servicio público.

Aquella fue la primera vida política de Edgar Hernández.

El Cabildo y la oposición

Hernández se convirtió en regidor de Cuautlancingo por Nueva Alianza, en un momento político marcado por el grupo del entonces gobernador Rafael Moreno Valle.

Su llegada al Cabildo no estuvo libre de resistencias.

Sectores del panismo tradicional intentaron frenar su incorporación, mientras que figuras como Gerardo Islas Maldonado, QEPD, respaldaron su llegada.

Pero algo ocurrió durante aquella administración.

El regidor que había llegado respaldado por un grupo político terminó convirtiéndose en una de las voces críticas del gobierno municipal encabezado por Félix Casiano Tlahque.

Era una etapa importante porque Hernández comenzaba a dejar de ser solamente el hombre cercano a otros políticos.

Empezaba a construir un nombre propio.

Gobernación: donde la política deja de ser discurso

Posteriormente llegó la Delegación de Gobernación.

Y probablemente ahí ocurrió una de las transformaciones más importantes de su trayectoria.

En Gobernación

Se trabaja en carreteras bloqueadas, manifestaciones, conflictos comunitarios, disputas políticas y situaciones que pueden escalar rápidamente.

Hernández tuvo que convertirse en interlocutor.

Escuchar.

Activar protocolos.

Atender situaciones relacionadas con intentos de linchamiento.

Construir acuerdos.

Resolver antes de que el problema creciera.

Además, le tocó una época particularmente compleja para Puebla: el gobierno interino y posteriormente la llegada de Luis Miguel Barbosa Huerta.

Fue ahí donde Hernández aprendió una regla que marcaría buena parte de su carrera:

El territorio no admite simulaciones.

Cuando existe un conflicto, alguien tiene que presentarse.

Y alguien tiene que intentar resolverlo.

San Andrés Cholula y la pandemia

Después llegaría uno de los capítulos más importantes y también más cuestionados de su vida política.

Su incorporación al Ayuntamiento de San Andrés Cholula, encabezado por Karina Pérez Popoca, generó polémica desde el principio.

Hernández asumió la Secretaría de Bienestar en medio de diferencias internas y del relevo de una figura vinculada al grupo de Adán Xicale.

La crítica fue inmediata.

Pero meses después llegó una circunstancia que modificaría por completo las prioridades del gobierno:

la pandemia de COVID-19.

Fue entonces cuando Bienestar salió a las calles.

Quien recuerde aquellos meses en San Andrés Cholula seguramente recordará recorridos, camionetas, entregas y presencia permanente en colonias, juntas auxiliares y comunidades.

-Apoyos alimentarios.

-Tinacos.

-Calentadores.

-Gestiones.

-Programas sociales.

Pero quizá uno de los aspectos más interesantes de aquella estrategia fue la construcción de una amplia red de mujeres enlaces.

Hernández comprendió que ningún gobierno podía enfrentar solo una emergencia de aquella magnitud.

Mujeres de colonias y juntas auxiliares ayudaban a identificar necesidades, ubicar familias vulnerables y canalizar solicitudes.

En distintos puntos del municipio se formaron comités y redes de apoyo.

Durante meses, la Secretaría de Bienestar se convirtió en una de las áreas con mayor presencia territorial de aquella administración.

Y esa combinación convirtió a Bienestar en una maquinaria permanente de atención social.

Hasta ese momento, podía decirse que había cumplido la encomienda recibida por la presidenta municipal.

Después vino la elección.

El error de la confianza

Karina Pérez Popoca buscó la reelección.

Dentro del grupo existía confianza.

Demasiada.

En reuniones privadas circularon mediciones que mostraban un escenario favorable.

Algunas versiones recuerdan incluso una reunión donde se habló de una ventaja considerable frente a Edmundo Tlatehui Percino.

Faltaban pocos días para la elección.

La sensación de triunfo anticipado provocó algo que en política suele resultar peligroso:

«Relajamiento»

Divisiones.

Desconfianza.

Y finalmente derrota

Después de perder una elección siempre aparecen culpables.

Y Edgar Hernández fue uno de los señalados.

Se habló de traición.

Se dijo que había contribuido a la derrota.

Durante algún tiempo esa versión acompañó su nombre.

Sin embargo, con los años quedó claro que una derrota electoral de esa naturaleza difícilmente puede atribuirse a una sola persona.

Las divisiones internas, los errores estratégicos y el exceso de confianza tuvieron un peso que posteriormente comenzó a reconocerse.

Hernández sobrevivió políticamente a aquella etapa.

Y poco tiempo después vendría otra prueba.

Atlixcáyotl: ahora había que ganar

La zona de Atlixcáyotl se había convertido en uno de los espacios urbanos más importantes de San Andrés Cholula.

Fraccionamientos, desarrollos inmobiliarios, nuevos residentes y problemáticas específicas generaron durante años la necesidad de contar con una figura de representación.

Después de distintos ejercicios de consulta y organización comunitaria surgió la Delegación Atlixcáyotl.

En un primer momento fue encabezada por Conrado Dinorín.

Posteriormente, durante el gobierno de Edmundo Tlatehui, se abrió la posibilidad de que los habitantes eligieran directamente a su representante.

Y Edgar Hernández decidió competir.

Cinco planillas participaron.

Esta vez no había nombramiento.

No había designación.

Había votos.

Hernández construyó un movimiento vecinal y recorrió fraccionamientos y secciones electorales.

El resultado fue contundente.

Ganó la elección y consiguió respaldo en toda la zona.

La experiencia acumulada en Gobernación y Bienestar regresó inmediatamente.

Jornadas comunitarias.

Pintas de guarniciones.

Recorridos de seguridad.

Gestiones relacionadas con el agua.

Eventos sociales.

Reuniones con residentes.

Atlixcáyotl se convirtió en otro laboratorio de participación ciudadana.

Pero nuevamente apareció la política.

El costo de tomar partido

Después de su paso por la Delegación, Hernández tomó una decisión política que tendría consecuencias.

Respaldó el proyecto de Guadalupe Cuautle.

Y con ese respaldo llegaron rupturas con antiguos aliados, señalamientos y una fuerte etapa de desgaste político.

Hubo quienes consideraron terminado su ciclo.

Otros apostaron a que quedaría aislado.

Fue probablemente uno de los momentos más complicados de su trayectoria reciente.

Pero ocurrió algo inesperado.

En lugar de desaparecer de la administración pública, Hernández salió de Puebla.

Y comenzó otra vida.

Nuevo León

Su incorporación al Gobierno de Nuevo León representó un cambio profundo.

Dejó de trabajar exclusivamente dentro de la lógica municipal y territorial poblana para incorporarse a una estructura estatal.

Llegó a la Dirección de Participación Social de la Secretaría de Educación de Nuevo León.

No llegó como candidato.

Ni como operador electoral.

Llegó como funcionario público.

Y eso modificó también su lenguaje.

Los conceptos comenzaron a ser otros:

planeación.

Indicadores.

Políticas públicas.

Participación social.

Consejos escolares.

Asociaciones de madres y padres de familia.

Evaluación.

Gobernanza.

Nuevo León terminó convirtiéndose en una etapa de profesionalización.

La experiencia territorial de Puebla comenzó a combinarse con estructuras administrativas de mayor dimensión.

Miles de escuelas.

Comunidades educativas.

Representantes regionales.

Organizaciones de padres de familia.

Instrumentos de participación.

Para Hernández, Nuevo León representó algo más que un cambio geográfico.

Fue la oportunidad de comprobar si la experiencia acumulada durante años podía funcionar fuera de Puebla.

¿De qué partido es Edgar Hernández?

La pregunta aparece inevitablemente.

Su carrera ha pasado por distintos proyectos y gobiernos.

PRI.

Nueva Alianza.

Administraciones emanadas del PAN.

Morena.

Y finalmente MC de Nuevo León.

Sus adversarios pueden utilizar esa trayectoria para cuestionarlo.

Sus simpatizantes pueden argumentar exactamente lo contrario: que Hernández ha construido una carrera alrededor de la administración pública y no exclusivamente alrededor de unas siglas.

Las dos interpretaciones forman parte de la política.

Pero hay algo que resulta difícil negar.

Ha sido colaborador político.

Regidor.

Funcionario de Gobernación.

Secretario municipal.

Ha trabajado durante una emergencia sanitaria.

Ha enfrentado conflictos sociales.

Ha ganado una elección comunitaria.

Ha organizado estructuras ciudadanas.

Ha sufrido derrotas y rompimientos.

Y ahora conoce desde dentro la operación de un gobierno estatal fuera de Puebla.

Por eso, cuando nuevamente comienza a escucharse su nombre alrededor de San Andrés Cholula, quizá la pregunta más interesante no sea qué partido podría postularlo.

Hay otra mucho más relevante.

¿Qué versión de Edgar Hernández regresaría a San Andrés Cholula después de Nuevo León?

Después de ser autoridad municipal

Ni el delegado que atendía conflictos.

Ni el secretario que recorría San Andrés durante la pandemia.

Ni el representante que ganó Atlixcáyotl.

Cada una de esas etapas dejó algo.

Victorias.

Errores.

Amistades.

Rupturas.

Experiencia.

Cicatrices.

Y aprendizaje.

Eso explica quizá las distintas vidas políticas de Edgar Hernández.

Los cargos terminan.

Los gobiernos cambian.

Los partidos también.

Pero hay una cosa que en política resulta mucho más difícil de borrar:

la memoria del territorio.

Y el territorio siempre termina recordando quién estuvo ahí cuando había que escuchar, caminar y resolver.