¿Crisis turística y cultural en la región Cholulteca? ¿administrativa, jurídica, o de planeación, desarrollo y gobernanza?

SEGUNDA PARTE

 

En lugar de ser un eje económico, se ha convertido en un recurso político.

Eventos repetidos, ferias sin identidad, conciertos costosos que duran unas horas, pero no construyen nada a largo plazo.

Se privilegia el impacto inmediato sobre la estrategia.

Se busca llenar plazas, no desarrollar territorios.

Y eso es un error.

Porque la verdadera riqueza de Cholula no está en traer artistas.

Está en lo que ya existe: sus tradiciones, su gastronomía, sus barrios, su historia viva.

Pero para que eso funcione, se necesita algo básico: orden, visión y respeto.

No existe inversión en productores no solo de gastronomía, sino de arte, de cultura, de música, de canto, de danza local. Tenemos recursos humanos, pero no son fomentados. No hay programas de literatura, narrativa y poesía. Cuenta cuentos solo enmarca el grado de aprendizaje y enseñanza que se tiene.

Especialmente en un tema que pocos se atreven a tocar con claridad: la relación entre gobierno y religión.

Las festividades religiosas —las bajadas, las ferias patronales, las celebraciones tradicionales— no pertenecen al gobierno. Pertenecen a la comunidad. Los gobiernos deben aportar, no organizar, es incluir y adaptarse sin ser el reflector principal.

El Estado es laico.

Eso no es un detalle menor. Es un principio constitucional.

El gobierno debe facilitar, garantizar seguridad, ordenar… pero no intervenir más allá de eso. No apropiarse, no protagonizar, no politizar lo que es expresión de fe.

Cuando esa línea se cruza, se genera un desequilibrio:

se distorsiona la tradición y se debilita la institución.

Y, aun así, la gente muchas veces no confronta. No porque no vea el problema, sino porque la fe pesa más que la inconformidad.

Pero el problema sigue ahí.

Y no es solo social o político.

Es también legal.

Porque la Constitución establece claramente que los municipios deben planear, ordenar y promover el desarrollo. Las leyes de turismo, movilidad y desarrollo urbano refuerzan esa obligación.

Cuando no hay planeación, cuando no hay orden territorial, cuando no hay infraestructura básica, no estamos frente a un simple error administrativo.

Estamos frente a un incumplimiento.

Y eso cambia todo.

Porque entonces ya no es solo una crítica.

Es un señalamiento estructural.

Cholula —San Andrés y San Pedro, así como otros municipios— no necesitan reinventarse, tampoco se necesita vender una marca porque solo estamos reflejando ignorancia de pretender vender una zona comercialmente y no como una identidad  humana y de desarrollo pluricultural.

Se necesita reconocerse.

Entender que:

la movilidad es economía,

que el turismo es sistema,

que la cultura es desarrollo,

y que la identidad no es discurso… es herramienta.

Necesita dejar de operar por ocurrencias y empezar a construir con método.

Menos eventos y más estructura.

Menos improvisación y más planeación.

Menos promoción vacía y más orden territorial.

Porque el problema no es lo que Cholula es.

El problema es que no se está sabiendo poner perfiles con curriculum adecuados al trabajo, menos tener asesores con la proyección necesaria, porque Cholula ya tiene todo.

En verdad cuando dos municipios comparten historia, territorio y destino… Crecerán sus comunidades no los entes gubernamentales.

Siempre, también comparten errores,

entonces ya no es coincidencia.

Es un sistema que necesita cambiar.

Y con urgencia.

Si los funcionarios de Fomento Económico, Cultura, Educación, Turismo, Comunicación Social, Servicios Municipales y el propio cabildo con sus regidores no se involucren a crear y mejorar, están destinados a tomarse las mejores fotos que solo serán recuerdos de sus propios egos sin historia y sin huella.