Bad Bunny en el Super Bowl LX: Un Mensaje de Unidad y Resistencia Latina.

Por Jorge Gómez Carranco

El 8 de febrero de 2026, Bad Bunny se convirtió en el primer artista en presentar un espectáculo de medio tiempo del Super Bowl completamente en español. En el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, el cantante puertorriqueño transformó los casi 14 minutos de su presentación en una poderosa carta de amor a Puerto Rico, una celebración de la identidad latina y un mensaje de resistencia frente a las políticas antiinmigrantes de la administración Trump. Lo que pudo haber sido simplemente un espectáculo musical se convirtió en un acto político y cultural que resonó con más de 120 millones de espectadores en todo el continente americano.

La elección de Bad Bunny generó una inmediata reacción política en Estados Unidos. El presidente Donald Trump declaró no haber escuchado de él, mientras que el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, calificó la decisión como «terrible» y sugirió que en su lugar actuara Lee Greenwood, de 83 años. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, amenazó con que agentes de ICE estarían «por todas partes» durante el evento. Como respuesta, la organización conservadora Turning Point USA organizó un espectáculo alternativo con Kid Rock que alcanzó más de 5 millones de espectadores en YouTube. Bad Bunny no había sido ajeno a esta controversia, pues en años recientes ha sido muy vocal contra Trump y las políticas de ICE, incluso burlándose del expresidente en su video musical «NUEVAYol» y decidiendo no realizar conciertos en Estados Unidos durante su gira mundial por temor a que agentes de inmigración estuvieran afuera de los recintos.

La presentación comenzó con una imagen cargada de simbolismo histórico: Bad Bunny emergiendo de una plantación de caña de azúcar, rodeado de campesinos con machetes y sombreros de paja «pava», vestimenta típica de los jíbaros del norte de Puerto Rico. Este inicio evocó siglos de colonialismo, desde la época en que España estableció plantaciones trabajadas por esclavos africanos en el siglo XVI, hasta la ocupación estadounidense que comenzó en 1898, cuando corporaciones estadounidenses controlaron gran parte de la tierra puertorriqueña. El escenario se transformó en un mosaico de la cultura puertorriqueña: carritos de comida callejera vendiendo coco frío, piraguas y tacos; personas jugando dominó, pintándose las uñas y construyendo refugios con bloques de cemento. La icónica «casita» —una réplica de una casa puertorriqueña tradicional pintada de rosa brillante con puertas de madera tallada— sirvió como uno de los escenarios principales. En la casita aparecieron celebridades latinas como Cardi B, Pedro Pascal, Karol G, Young Miko y Jessica Alba, demostrando la solidaridad y el orgullo latino.

Uno de los momentos más políticos llegó cuando Ricky Martin interpretó «Lo Que le Pasó a Hawaii», una canción que es un llamado de atención sobre la gentrificación y el desplazamiento que enfrentan los puertorriqueños tras siglos de dominio colonial. Durante la interpretación de «El Apagón», Bad Bunny subió a un poste de luz, llamando la atención sobre los frecuentes apagones eléctricos en Puerto Rico, que empeoraron tras la privatización del sistema eléctrico de la isla. Sus bailarines pretendían luchar por reparar el servicio mientras Bad Bunny, en lo alto del poste, señalaba directamente a la cámara, transmitiendo que depende de él —y de los puertorriqueños— encontrar soluciones por sí mismos. El repertorio musical incluyó éxitos como «Tití Me Preguntó», «Yo Perreo Sola», «Safaera», «Party», un sample de «Gasolina» de Daddy Yankee, además de canciones más recientes como «Monaco», «EoO» y «DtMF» de su álbum ganador del Grammy «Debí Tirar Más Fotos».

El clímax del espectáculo llegó al final, cuando Bad Bunny nombró uno por uno todos los países y territorios desde Canadá hasta Sudamérica, mientras las banderas de cada nación eran llevadas por el campo del estadio. Durante toda la presentación, Bad Bunny cargó un balón de fútbol americano que tenía escrito en letras blancas: «Together, we are America» (Juntos somos América). Este gesto se complementó con un mensaje que apareció en las pantallas del estadio, el mismo que había compartido durante los premios Grammy la semana anterior: «Lo único más poderoso que el odio es el amor». En un momento emotivo, un niño apareció en las pantallas viendo un clip de Bad Bunny en los Grammy y segundos después el artista le entregó personalmente una estatuilla del Grammy, simbolizando la transmisión de esperanza y orgullo a la siguiente generación. Hubo incluso una boda real durante el espectáculo, donde Bad Bunny actuó como testigo antes de interpretar «Baile Inolvidable» junto a Lady Gaga, quien hizo una aparición sorpresa para cantar «Die With a Smile» en una versión latina.

La presentación generó un intenso debate político y cultural en Estados Unidos. El presidente Trump calificó el espectáculo como «absolutamente terrible, uno de los peores de la historia», afirmando que era «una afrenta a la grandeza de Estados Unidos». Sin embargo, para millones de latinos en Estados Unidos y en todo el continente americano, el mensaje fue completamente diferente: fue una reivindicación del orgullo latino, una celebración de la resistencia cultural y un recordatorio de que América es mucho más que Estados Unidos. El impacto del show trascendió el ámbito del entretenimiento, siendo incluso mencionado en el pleno del Parlament de las Islas Baleares en España durante un debate sobre la regularización de inmigrantes. Bad Bunny logró algo sin precedentes: utilizó uno de los escenarios más grandes del mundo para hacer una declaración cultural y política inequívoca. Al presentar un espectáculo completamente en español, repleto de simbolismo histórico sobre el colonialismo, la resistencia puertorriqueña y la unidad latinoamericana, el artista elevó el estándar de lo que puede significar un espectáculo de medio tiempo. Su mensaje de que «juntos somos América» y que «lo único más poderoso que el odio es el amor» se mantiene como un poderoso contrapeso a las políticas de exclusión y división. En un momento de creciente retórica antiinmigrante, Bad Bunny recordó al mundo que la identidad americana es diversa, multilingüe y multicultural, y que el orgullo latino no es negociable.