
SEGUNDA PARTE
Y hay pequeños negocios que pueden terminar absorbiendo costos que hoy no tienen.
La propia CONDUSEF advierte que algunos establecimientos trasladan indebidamente al consumidor comisiones de entre 3% y 5% por pagar con tarjeta.
Entonces imaginemos al pequeño comerciante:
Ya enfrenta renta, luz, nómina, impuestos, proveedores y delincuencia.
Ahora además necesita infraestructura digital y sistemas de cobro.
¿Quién garantizará que el costo de esa transformación no termine trasladándose al consumidor?
El problema de fondo: no confundir modernización con imposición
México sí necesita avanzar hacia una economía digital.
Eso no está a discusión.
El propio Banco de México señala las ventajas de los medios de pago electrónicos y de la inclusión financiera.
Pero modernizar no significa necesariamente eliminar alternativas.
Un Estado moderno debería ampliar las opciones de los ciudadanos, no reducirlas sin establecer previamente mecanismos de protección.
Porque el verdadero progreso sería que un mexicano pudiera elegir:
tarjeta, transferencia, SPEI, QR o efectivo.
Y que ninguna persona quede excluida porque no tiene teléfono inteligente, cuenta bancaria o conectividad.
Y aquí aparece la pregunta política
Cuando una mayoría legislativa tiene los votos suficientes para aprobar una reforma, el problema no es que pueda hacerlo.
El problema democrático es preguntarnos:
¿qué controles existen para impedir que una buena herramienta termine convirtiéndose en una herramienta de control excesivo?
Porque una economía completamente trazable puede ayudar a combatir ciertos delitos y mejorar la recaudación.
Pero también exige límites muy claros sobre:
* protección de datos;
* privacidad financiera;
* bloqueo de cuentas;
* errores bancarios;
* fraudes;
* ciberataques;
* acceso para personas no bancarizadas;
* costos para pequeños negocios;
* mecanismos de reclamación;
* y derecho a contar con alternativas.
La tecnología debe estar al servicio del ciudadano.
El ciudadano no debería terminar al servicio de la tecnología.
Morena tiene que responder
Si el gobierno quiere digitalizar México, perfecto.
Pero entonces que explique también:
¿Qué ocurrirá con quien no tenga cuenta bancaria?
¿Qué ocurrirá con quien no tenga internet?
¿Qué ocurrirá cuando falle el sistema?
¿Quién responderá por un fraude?
¿Qué pasará si un banco bloquea injustificadamente una cuenta?
¿Habrá costos adicionales para los consumidores?
¿Qué mecanismos existirán para garantizar privacidad?
Y, sobre todo:
¿Dónde termina la modernización y dónde comienza el control?
Porque ese es el verdadero debate.
No se trata de defender el efectivo como si fuera símbolo de atraso.
Se trata de defender algo mucho más importante:
La libertad económica de los ciudadanos.
México puede y debe entrar de lleno a la economía digital.
Pero una cosa es darle a los mexicanos más herramientas para pagar y otra es construir un sistema donde cada mexicano necesite obligatoriamente una herramienta digital para poder pagar.
La diferencia parece pequeña. Las consecuencias pueden ser enormes.
Y mientras Morena celebra que tiene los votos para avanzar, la sociedad debería estar haciendo algo mucho más importante:
Leer la letra pequeña.
Porque las grandes transformaciones no siempre comienzan con una prohibición.
A veces comienzan con algo que parece mucho más inocente:
“Es por modernización.”
Para publicación en Enfoque Real: yo pondría como bajada:
“El debate no es si México debe modernizarse. El debate es cuánto poder estamos dispuestos a entregar a un sistema donde cada peso pueda depender de una pantalla, un banco y una conexión a internet.”