¡El precio de no saber de Historia!

Por: Navegantes Perdidos

La historia suele definirse como el estudio del pasado, pero en un sentido estrictamente riguroso, la historia es el estudio de las huellas que el pasado ha dejado. Cuando un evento cruza la frontera de la oralidad o la memoria individual para quedar plasmado en un documento —ya sea un acta oficial, una carta personal, un mapa o una fotografía— adquiere una cualidad de «anclaje».

exploremos por qué, a pesar de las nuevas interpretaciones, la historia documentada no puede ser cambiada. El documento como evidencia física Un documento es un objeto tangible que pertenece a un tiempo y espacio específicos. No podemos cambiar lo que un escribano registró en 1789 porque ese papel y esa tinta son evidencia material de una realidad pasada. La inmutabilidad del registro: Podemos cambiar nuestra opinión sobre un rey o un revolucionario, pero no podemos borrar la firma en un tratado ni el decreto que dio origen a una guerra. El límite del historiador: El trabajo de quien estudia el pasado no es «inventar» hechos, sino interpretar los existentes. Si el documento dice «A», el historiador no puede escribir que ocurrió «B» sin cometer un fraude intelectual. La diferencia entre Hecho e Interpretación Es vital distinguir entre el hecho histórico y la historiografía. El Hecho: Es el evento documentado (ej. La caída de Constantinopla en 1453). Este es inalterable. La Interpretación: Es el ángulo desde el cual lo miramos. Podemos descubrir nuevos documentos que nos den una perspectiva distinta (revisionismo), pero eso no «cambia» la historia; simplemente la completa. La historia documentada funciona como un rompecabezas: podemos encontrar piezas nuevas que cambian la imagen general, pero las piezas que ya teníamos no dejan de existir ni cambian su forma original.

La historia no es una narrativa de ficción donde el autor tiene control total. Se rige por un método científico que exige: Cotejo de fuentes: Si varios documentos de distintas fuentes coinciden en un suceso, se establece una verdad histórica. Imposibilidad del borrado total: En la era de la información, y gracias a los archivos nacionales y bibliotecas mundiales, es prácticamente imposible «desaparecer» un hecho documentado. Intentar cambiar la historia documentada requeriría una conspiración global para alterar millones de copias físicas y digitales simultáneamente. Alterar la historia documentada no solo es técnicamente imposible sin caer en la mentira, sino que es éticamente peligroso. El pasado documentado es el testimonio de la experiencia humana. Si cambiáramos los registros de las tragedias o los errores cometidos, perderíamos la capacidad de aprender de ellos. La documentación actúa como la «memoria externa» de la humanidad; si la editamos a conveniencia, perdemos nuestra identidad. En Conclusión, las declaraciones de la autoridad Municipal carecen de rigor científico o de argumento técnico para afirmar que los sacrificios humanos en el México prehispánico no existieron, y que en los rituales a Quetzalcóatl se retire esa escenificación, ese debate no existe y con base con lo que acabamos de analizar la historia documentada es el cimiento sobre el cual se construye el presente. No se puede cambiar porque lo que fue, ya es. Aunque el futuro es incierto y el presente es fugaz, el pasado documentado es el único territorio de la existencia humana que es definitivo. Podemos reinterpretarlo, criticarlo o celebrarlo, pero los documentos permanecen como guardianes silenciosos de una verdad que ya no nos pertenece modificar. Alguien tiene que decirle a la alcaldesa que sus declaraciones están fuera de lugar, pero no puede ser la Directora de turismo porque ella se dedica a otra cosa y de historia dudamos que sepa o por lo menos pueda documentar para dar una asesoría que mucho hace falta. Es mejor dedicarse a revisar la operación de los servicios públicos y no meterse a calificar la historia.

 

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