
A principios de este año se ha escuchado mucho sobre que Estados Unidos lanzó nuevas guías alimentarias para su población. Las imágenes circulan en redes, se comparan platos y surgen preguntas como: ¿eso es lo que deberíamos comer?, ¿son mejores que otras? ¿aplican para todos?
Antes de sacar conclusiones, vale la pena detenernos en lo básico: ¿qué es una guía alimentaria y para qué sirve?
Las guías alimentarias no son dietas ni planes personalizados. Son herramientas de salud pública que buscan orientar, de forma sencilla, a la población general sobre cómo llevar una alimentación más saludable. Su intención no es decirte exactamente qué comer todos los días, sino dar una referencia general.
Estas guías surgen porque existen problemas de salud publica que afectan a muchas personas al mismo tiempo, como el aumento de enfermedades crónicas o los malos hábitos de alimentación. Por eso, también se utilizan para crear programas escolares, campañas de educación en nutrición y políticas públicas.
Además de las guías de cada país, existen propuestas internacionales como la de la EAT-Lancet Commission, que invitan a pensar la alimentación no solo desde la salud individual, sino también desde la salud de la población y del planeta. Algo importante de este enfoque es que no propone una sola dieta para todos, sino que insiste en que las recomendaciones deben adaptarse a cada cultura y región.
Cada país tiene su propia guía alimentaria porque no todos comemos lo mismo ni vivimos en las mismas condiciones. La cultura, los alimentos disponibles y los principales problemas de salud cambian de un lugar a otro.
En México, por ejemplo, contamos con el Plato del Bien Comer, que busca orientar a la población utilizando alimentos comunes y accesibles dentro de nuestro contexto.
Más que reglas estrictas, las guías ofrecen un punto de partida: qué grupos de alimentos priorizar, cómo combinarlos y qué hábitos pueden favorecer la salud a largo plazo.
Por eso, es importante entenderlas como lo que son: una referencia general, no una receta universal ni una indicación que deba aplicarse igual para todas las personas. en la siguiente publicación hablaré de por qué no todas las guías son iguales, cómo influyen la cultura y el contexto, y por qué ninguna guía sustituye una alimentación personalizada.
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