
Cada 1 de enero, millones de personas alrededor del mundo renuevan esperanzas, trazan metas personales y anuncian intenciones de cambiar su vida. Pero, ¿qué tan reales son esas promesas cuando los números se miran sin filtros? Aquí desglosamos lo que revelan las encuestas y estudios más recientes sobre propósitos de Año Nuevo, con miras a 2026.
No todos adoptan este ritual. En Estados Unidos, aproximadamente 31% de los adultos dicen que harán un propósito para 2026, una cifra menor que en años previos y que muestra cierta fatiga con la tradición, especialmente entre mayores de 45 años (21% frente al 43% de adultos jóvenes)
En contraste, en países como Australia hasta 71% de adultos hicieron propósitos para 2026, con una mayor participación entre generaciones más jóvenes y mujeres. Esto ilustra cómo la cultura y el contexto social influyen en la práctica.
Las prioridades cambian año con año, pero salud, bienestar y finanzas siguen dominando:
Ejercitarse más: 25% de los estadounidenses citan este objetivo como su principal propósito.
Ser más feliz o mejorar bienestar: 23%
Comer más saludable: 22%
Ahorrar más dinero: 21%
Otros datos revelan que, entre quienes planean resoluciones financieras, hasta 70% quieren ahorrar más, y casi la mitad buscan reducir gastos o mejorar su puntuación crediticia para 2026. En algunas encuestas, metas relacionadas con ejercicio, salud y finanzas incluso empatan o se superponen en la lista de prioridades globales.
Aquí es donde los números cuentan una historia muy distinta a la intención:
Solo alrededor de 8% de personas realmente cumplen sus resoluciones a largo plazo, según múltiples estudios conductuales que señalan una brecha abismal entre lo que se planea y lo que se logra efectivamente.
Un desglose típico de cuánto duran estas metas muestra que:
Solo 8% mantiene la resolución más de un mes,
22% la mantiene unos 2–3 meses,
Un escaso 1% la sigue por 11–12 meses.
Además, existe el fenómeno popular de los “Quitter’s Day” o días en que la mayoría abandona: por ejemplo, estudios en Escocia ubican que muchos renuncian alrededor del 14 de enero.
¿Por qué fallamos? Factores detrás de la caída:
- Expectativas poco realistas: metas vagas como “estar más saludable” carecen de pasos concretos.
- Falta de planificación: sin micro-hábitos ni estrategias claras, la motivación decae rápido.
- Ambiente y biología: el frío y la falta de luz en enero pueden reducir energía y estado de ánimo, dificultando los cambios de hábito temprano en el año.
Investigadores también señalan que la mayoría de las resoluciones se abandonan antes de finales de enero y que muchos optan por posponer cambios importantes hasta la primavera, cuando las condiciones psicológicas y ambientales son más favorables para la perseverancia.
Perspectivas para 2026: ¿una nueva era para los propósitos?
A pesar de que solo una pequeña fracción logra metas, hay señales de cambio:
En 2026, más personas están incorporando resoluciones financieras debido a preocupaciones económicas persistentes, lo cual podría repensar prioridades tradicionales centradas solo en salud o fitness.
También están emergiendo enfoques prácticos como las micro-resoluciones y el uso de herramientas de apoyo (apps, seguimiento, metas pequeñas) para mejorar la adherencia diaria a objetivos.
Los propósitos de Año Nuevo siguen siendo una tradición masiva, pero solo un porcentaje reducido se traduce en resultados duraderos. El desafío no está en querer cambiar, sino en cómo se estructura ese cambio: metas claras, hábitos alcanzables y estrategias continuas parecen ser la receta para transformar intenciones en realidades, más allá del calendario.
Para 2026, el reto es claro: evolucionar desde propósitos simbólicos a planes estratégicos que convivan con nuestras rutinas, capacidades y contextos de vida.