sábado, 24 de octubre de 2026 Noticias al momento
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La violencia vicaria no debe entenderse únicamente como un conflicto familiar: puede convertirse en una estrategia de control, intimidación y castigo contra las mujeres mediante el daño a sus hijas, hijos o personas más queridas. Cuando las instituciones minimizan las amenazas, ignoran las denuncias o retrasan las medidas de protección, dejan a las víctimas expuestas a riesgos que pueden escalar hasta la violencia feminicida.

Por eso, mi propuesta “Ni una madre más en silencio” plantea una respuesta integral y coordinada entre fiscalías, policías, juzgados familiares, instituciones de protección de niñas, niños y adolescentes y organismos de atención a las mujeres. Necesitamos protocolos claros para identificar patrones de violencia, evaluar el riesgo de manera individualizada, actuar oportunamente ante amenazas y garantizar medidas de protección efectivas, acompañamiento jurídico y atención psicológica y social.

Prevenir el feminicidio significa actuar antes de que sea demasiado tarde. Implica reconocer las señales de escalamiento —amenazas de muerte, acecho, agresiones previas, control coercitivo, amenazas contra los hijos o incumplimientos reiterados de medidas de protección—, investigar con diligencia y dar seguimiento real a cada caso. La violencia vicaria no conduce inevitablemente al feminicidio, pero cuando existen indicadores de peligro, las autoridades deben intervenir sin demora y con perspectiva de género.

También es indispensable proteger el interés superior de niñas, niños y adolescentes, evitar su revictimización, capacitar al personal público y generar estadísticas que permitan medir resultados. La atención debe respetar el debido proceso: ninguna denuncia debe ignorarse, pero tampoco debe presumirse culpabilidad sin investigación.

No podemos conformarnos con reaccionar después de una tragedia. Necesitamos instituciones que escuchen, evalúen el riesgo y protejan a tiempo. La prevención del feminicidio empieza cuando una amenaza deja de ser considerada un asunto privado y se atiende como una posible señal de peligro.

Que ninguna mujer tenga que demostrar su sufrimiento cuando ya es demasiado tarde. Que ninguna madre vuelva a quedarse sola frente a la violencia.

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