
Por: LAURA ZEPEDA
Esta cita encaja con algunas ideas centrales de figuras claves del siglo XVIII.
Según estas corrientes, el ser humano no conoce las cosas tal y como son en sí mismas, sino a través de la estructura de su propia mente, que lo coloca al sujeto en el centro del conocimiento.
A partir de ahí se desarrolla unas obras marcadas por el uso riguroso de la razón y por la búsqueda de una moral autónoma, significa gobernarse a uno mismo sin depender de lo externo.
Las acciones humanas deben guiarse por el deber ético y el respeto universal, no por el interés o la búsqueda del binestar material.
La frase invita a revisar qué se entiende por libertad moral, esa libertad consiste en actuar por deber, siguiendo el imperativo categórico, un mandato ético incondicional y universal que nace de la razón, y no por presiones externas ni por deseos egoístas.
Dominarse a uno mismo y tratar a cada persona como un fin en sí misma, y nunca solo como un medio.
Según esta lógica depender de las poseciones resta automonía, mientras que quien necesita poco para vivir gana la capacidad de decidir, porque su bienestar no queda a merced de circunstancias ajenas.
La reflexión contrasta con una sociedad en la que el éxito se mide a menudo por lo que se compra y en la que el estatus de algunos grupos depende de lo que poseen.
De ahí que propone valorar la moderación y la capacidad de renunciar a lo que no es imprecindible.
De manera que presumir lo material no trasciende para algunos, pues es solo eso material, al contrario de lo intelectual y lo intangible.
Terminó con una frase de A.hilip Randolh.
LA LIBERTAD NUNCA ES DADA, SE GANA!!!