Responsabilidad.

La capacidad y habilidad de responder, ¿de dónde surge? podríamos pensar que esta habilidad se nos inculca y que poco a poco la vamos desarrollando más, cuando desde niños nos dejan vivir las consecuencias de nuestros actos sin culpa, sin señalamientos, pero tampoco sin sobreprotección, simplemente mostrándonos la tercera ley de Newton de manera sencilla: “a cada acción corresponde una reacción”.

Y entonces si hablamos de manera general ¿por qué como humanidad nos cuesta tanto asumir las consecuencias de nuestros actos?, ¿por qué vamos por la vida buscando culpables en todos los ámbitos, políticos, económicos y sociales como si con ello se solucionara algo? ¿Será que nos cuesta asumir la equivocación, porque sabemos que la consecuenia nos traera incomidad? y si tenemos suerte nos llevará a una evolución con una mejora continua, pero para ello tendríamos que pasar por el error, por la consecuencia, por quedarnos sin el bienestar de la víctima.

En este caso si tendríamos que vernos más a nosotros y menos a los otros, para eso se necesita valentía y un nivel de conciencia que sabe que del error se aprende y que la responsabilidad no es un plato dulce, a veces es muy amargo.

Admiró profundamente a los que dan un paso adelante y dicen: sí me equivoque asumo la consecuencia de mis actos, no culpo a los otros, mejor aprendo de ello, no me justifico, no me víctimiso, me aviento al vació, abrazo la incomodidad y trato de remediar, tengo la nobleza de pedir disculpas; y la grandeza de corregir mis pasos y soportar el señalamiento ajeno, me importa más mi conciencia que mi reputación y entiendo que el camino de la vida tiene caídas y tropiezos pero sobre todo, nuevas y mejores oportunidades.

Tal vez eso es a lo que tememos más, el señalamiento social, porque sabemos que dependemos de los otros en una simbiosis perfecta, pero es hora de dejar los miedos y responder ante la vida, porque esta habilidad nos enaltece, encaminándonos a la grandeza.