
PRIMERA PARTE
Esta semana México recibió una de esas noticias que deberían provocar una discusión nacional.
No ocurrió en Palacio Nacional.
No ocurrió en el Congreso.
Ocurrió dentro de las aulas.
La OCDE publicó el 8 de septiembre los resultados de PISA 2025, la evaluación internacional aplicada a estudiantes de 15 años para conocer qué tanto pueden utilizar sus conocimientos en matemáticas, lectura y ciencias para resolver problemas.
Y los resultados para México deberían preocuparnos.
Mucho.
Porque mientras desde el discurso oficial se habla de transformación educativa, educación humanista, pensamiento crítico, inclusión y Nueva Escuela Mexicana, una realidad mucho más incómoda aparece cuando nuestros estudiantes tienen que demostrar lo que realmente saben hacer.
México volvió a quedar por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias.
Pero ése ni siquiera es el dato más grave.
Siete de cada diez no alcanzan el nivel básico en matemáticas
Detengámonos en un número.
Solamente 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel 2 de competencia en matemáticas.
El promedio de la OCDE fue 65%.
Traducido:
7 de cada 10 estudiantes mexicanos de 15 años no alcanzaron siquiera el nivel mínimo de competencia matemática definido por PISA.
Y prácticamente ninguno llegó a los niveles superiores 5 y 6, frente a un promedio de 8% en la OCDE.
No estamos hablando de resolver cálculo diferencial.
El nivel 2 implica que un estudiante pueda reconocer cómo representar matemáticamente una situación relativamente sencilla y utilizar conocimientos básicos para resolverla.
Es decir, el problema no es que nuestros jóvenes no estén formando suficientes matemáticos.
El problema es que una enorme proporción está llegando a los 15 años sin dominar competencias matemáticas fundamentales.
Leer tampoco significa comprender
La situación en lectura tampoco permite celebrar.
Solamente 50% de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel mínimo de competencia lectora.
El promedio de la OCDE fue 69%.
Esto significa que aproximadamente uno de cada dos jóvenes mexicanos evaluados no consiguió el nivel básico esperado para comprender, localizar e interpretar información en un texto de dificultad moderada.
Y nuevamente, prácticamente ninguno alcanzó los niveles superiores de desempeño; en la OCDE el promedio fue 6%.
Podemos presumir cobertura educativa.
Podemos entregar libros.
Podemos modificar planes de estudio.
Pero si un joven llega a los 15 años y tiene dificultades para comprender adecuadamente lo que lee, existe un problema estructural.
Porque sin comprensión lectora resulta mucho más difícil aprender historia, derecho, matemáticas, ciencia o cualquier otra disciplina.
Ciencias: la mitad tampoco alcanza el mínimo
En ciencias ocurre prácticamente lo mismo.
Solamente 50% alcanzó el nivel 2 o superior, mientras el promedio de la OCDE fue 74%.
Otra vez:
la mitad de nuestros estudiantes no alcanza el nivel básico.
Y prácticamente no tenemos alumnos mexicanos en los niveles superiores de competencia científica, mientras el promedio de la OCDE es 7%.
El problema, entonces, no está únicamente en matemáticas.
Es lectura.
Es ciencia.
Es razonamiento.
Es capacidad para resolver problemas.
Y ahora también existe otro indicador que debería preocuparnos: PISA 2025 incorporó la resolución computacional de problemas y México nuevamente se ubicó por debajo del promedio de la OCDE.
En un mundo donde inteligencia artificial, automatización, ciencia de datos y tecnología están transformando el mercado laboral, esto debería encender todas las alarmas.
Lo verdaderamente preocupante: estamos retrocediendo
Alguien podría decir:
“México siempre ha salido mal en PISA”.
Y tendría parcialmente razón.
El problema es que eso no vuelve aceptables los resultados.
En matemáticas obtuvimos 395 puntos en PISA 2022. Ya entonces era un resultado preocupante.
Ahora la propia OCDE establece que el desempeño mexicano en matemáticas volvió a disminuir entre 2022 y 2025.
En lectura y ciencias los resultados permanecieron aproximadamente estables.
Pero cuando ampliamos la perspectiva aparece algo todavía más inquietante.
En comparación con 2015, la proporción de estudiantes mexicanos con bajo desempeño aumentó 13 puntos porcentuales en matemáticas y ocho puntos en lectura. En ciencias no hubo un cambio estadísticamente significativo.
Eso significa que después de reformas educativas, nuevos modelos pedagógicos, nuevos libros de texto y enormes discusiones políticas sobre educación, seguimos sin resolver lo esencial:
Que nuestros estudiantes aprendan.
Y entonces aparece la Nueva Escuela Mexicana
CONTINUARA…