NO EXISTE NADA OCULTO BAJO EL SOL.

Por: Angélica Carranco Tejeda

Hace unos días se supo de un multihomicidio acaecido en Atizapán, Estado de México. Las víctimas: un músico famoso, su esposa embarazada, su hija de tres años y su ayudante doméstica, milagrosamente un niño de seis años sobrevivió al ataque ileso, pues todos los pasivos fueron ultimados con el tiro de gracia, hasta la mascota de la familia.

Aquí en Cholula, hace poco más de un mes ocurrió también un multihomicidio que dejó tres personas sin vida, en donde el responsable fue capturado y llevado ante la justicia, el que perpetró el delito contra sus propios padres y un sobrino, es decir, en contra de su familia.

Sin embargo, pese a la gravedad de lo ocurrido, la mayoría de las personas tan sólo escuchamos estas noticias o, incluso, las vemos de reojo y ya no nos “sorprendemos”, pues son una de las más que se suman a las que día a día suceden en este país.

Definitivamente al primero que culpamos es al gobierno, ya que, lo primero que alegamos es la falta de seguridad, además, el sistema penal se encuentra muy endeble, sobre todo en aquellos encargados de realizar las acusaciones contra los victimarios, lo que permite que los delincuentes obtengan su libertad a través de argucias legales que aprovechan alguna laguna para permitirles librarse de su castigo.

Pero, lo que la gente olvida es que el problema de seguridad comienza en la casa; desde los hogares se educan a los hijos, se les enseña a respetar lo ajeno, a cuidar de los que lo necesitan, a proteger a los débiles, a portarse “bien” sin necesidad de que te estén cuidando. Es decir, el tema se reduce a los valores que se aprenden en el núcleo de la sociedad.

Todos aquellos que se convierten en delincuentes definitivamente no nacieron siéndolo, lo aprendieron de algún lado o, lo que es peor, se los permitieron y nadie les hizo hincapié en la gravedad de lo que estaban haciendo ni les enseñó que la única manera de ganarse la vida decentemente es por medio del trabajo honesto.

La presidente de México señalaba en junio de este año que los homicidios dolosos se habían reducido a la mitad desde que ella tomó las riendas del país, pues de los casi 87 diarios que se cometieron en septiembre de dos mil veinticuatro, para ese mes se reportaban unos 45 al día. Lo que fue cuestionado por el director general del Observatorio Nacional Ciudadano, el que afirma tener la certeza de que en las fiscalías locales “…desde hace algunos años dejaron de registrar parte de las víctimas de homicidio doloso en los registros oficiales y particularmente me refiero a las víctimas encontradas en fosas clandestinas”.

Por lo tanto, al no integrarse este tipo de víctimas dentro de las estadísticas y que, anteriormente sí eran consideradas, puede ser una de las explicaciones por las que ha caído la taza de este tipo de homicidios. Dejar de contar a las personas que aparecen en las fosas clandestinas y pensar que perdieron la vida “por causas naturales” es como querer tapar el sol con un dedo.

El partido en el poder sigue insistiendo en gobernar por medio del engaño, sin darse cuenta de que los únicos que se engañan son ellos mismos, ya que, los resultados siempre saldrán a la luz. Por más que intenten “maquillar” las estadísticas, la realidad sigue diciéndonos lo contrario. Tal y como lo afirma el proverbio chino que señala: “no existe nada oculto bajo el sol”.