
Pero también puede convertirse en una trampa.
Las plataformas digitales premian exactamente aquello que la política debería evitar: la provocación permanente, la simplificación, el escándalo y la necesidad compulsiva de conseguir atención.
Un influencer necesita visualizaciones.
Un legislador necesita resultados.
Un influencer puede medir su éxito mediante seguidores, reproducciones, comentarios y tendencias.
Un diputado debería medirlo mediante iniciativas, leyes, gestión, fiscalización, representación ciudadana y resultados concretos.
Confundir ambos indicadores es peligroso.
Porque podríamos terminar construyendo una generación de políticos más preocupados por ser virales que por ser eficientes.
La doble vara tampoco sería aceptable
También debe decirse algo incómodo.
La crítica no puede convertirse en misoginia.
Después de la polémica aparecieron en redes sociales insultos relacionados con la apariencia física, edad, sexualidad y vida privada de ambas legisladoras.
Eso tampoco es aceptable.
Se pueden cuestionar duramente sus declaraciones.
Se puede criticar su desempeño legislativo.
Se puede exigir profesionalismo.
Pero convertir el debate en ataques contra su condición de mujeres reproduce exactamente la discriminación que se pretende denunciar.
La crítica debe dirigirse hacia lo verdaderamente importante: su responsabilidad como servidoras públicas.
Ser diputada no es un personaje
El verdadero problema de esta polémica quizá no sean únicamente cuatro palabras pronunciadas durante un podcast.
Es la confusión creciente entre entretenimiento y representación política.
México necesita políticos capaces de comunicarse en las nuevas plataformas.
Pero necesita todavía más servidores públicos que comprendan la responsabilidad que implica representar a miles de personas.
Nay Salvatori puede seguir siendo influencer.
Grace Palomares puede participar en podcasts.
Ambas pueden hacer humor, compartir su vida, divertirse y expresar opiniones personales.
Pero cuando termina la grabación siguen siendo diputadas.
Y esa investidura no tiene botón de apagado.
Porque reciben recursos públicos, representan ciudadanos y participan en decisiones que afectan precisamente a jóvenes, adultos y personas mayores.
Las disculpas son necesarias.
Pero deberían acompañarse de algo mucho más importante: reflexión y resultados.
Menos preocupación por conseguir el siguiente video viral.
Más preocupación por aquello que ocurre en las comisiones legislativas.
Menos espectáculo.
Más Congreso.
Porque Puebla no eligió influencers para que ocasionalmente legislaran.
Eligió diputadas que, además, tienen la posibilidad de ser influencers.
Y entender esa diferencia puede parecer pequeño.
Pero quizá sea exactamente ahí donde comienza el respeto por el servicio público.