LEGISLADORES

Por: Angélica Crranco Tejeda

La actividad de legislar tendría que ser realizada con orgullo, dedicación y apego pleno a la Ley, pues las personas que han sido elegidas como tales, tienen la obligación y la oportunidad de mejorar la vida de los ciudadanos.

A través de la creación o de la reforma de las leyes, no solamente se está escribiendo la reglamentación de una determinada función, además, se plasma en ellas el sentir de las personas, sus exigencias, sus necesidades y la manera en la que se mejora la convivencia entre las autoridades y los gobernados.

Se debería tener muy presente que los que llegan a una cámara de diputados o de senadores, adquieren la responsabilidad de mantener el Estado de Derecho, el deber de que se continúen respetando los Derechos Humanos o Fundamentales, el quehacer de innovar las reglamentaciones existentes y adaptarlas a las necesidades actuales.

El trabajo es arduo, pues forman parte de uno de los tres poderes en los que se divide el Estado, por medio de ellos se mantiene el equilibrio con los otros dos, además, llevan la representación del lugar por el que fueron electos, pues simbolizan los intereses y necesidades de determinados grupos sociales.

Entonces, su función principal es la creación, modificación y extinción de leyes, pero también será el acercamiento con la gente de su distrito o sección por la que fueron propuestos, pues lo mínimo que esperan estos es que les pregunten por sus necesidades, por aquello que les causa preocupación. Es decir, es importante que estén al pendiente de sus electores a través de los distintos programas sociales a los que, desde la curul, tienen acceso y con lo que podrán beneficiar a varios.

También tendrán que responder ante su electorado a través de informes cada cierto tiempo, en los que señalen los logros conseguidos desde su escaño y la presencia con los ciudadanos, las razones por las cuales no consideraron importante favorecer tal o cual propuesta de reforma o de iniciativa de ley. Desde su lugar tienen derecho a debatir y defender las razones por las cuales consideran la propuesta de sus demás compañeros será o no beneficiosa para el pueblo.

La parte interesante es que, para emitir una opinión, primero hay que contar con el conocimiento necesario o, por lo menos, saber lo suficiente sobre el asunto. Todo ello implica horas de estudio y de lectura para entender las iniciativas, para participar en los parlamentos abiertos, para convocar a los expertos en la materia.

Sin embargo, con los legisladores de MORENA pareciera que entre menos se enteren de lo que aprueban o menos sepan de lo que realmente está sucediendo en su Cámara, se convierten en “mejores” candidatos para las cúpulas del poder, pues lo mejor es preguntar lo menos para evitar los cuestionamientos sobre tal o cual tema.

Cabe recordar que muchos de ellos ni siquiera se toman la molestia de leer los proyectos que, desde el poder ejecutivo, les son entregados para el mero trámite de su aprobación, sin razonarlos ni objetarlos. A esos legisladores les está prohibido pensar.

Lo único que pueden hacer es “ocupar” el tiempo que les sobra (que se aprecia es demasiado) en ejercer su carrera como “tiktokeros” o “influencers”. Si no sirven para aportar algo interesante al país, por lo menos que desahoguen sus frustraciones por estos medios. El único tema es que denigran la actividad legislativa y la reducen a la “alzada” de mano a cambio de un jugoso bono, el que de poco les servirá cuando despierten y entiendan lo mal que, por su culpa, se encuentra este país.