Cuando quien protege también necesita ser protegido: una mirada tanatológica a los recientes fallecimientos de policías en Puebla

Durante el último mes, Puebla ha sido escenario de noticias que han generado consternación entre la sociedad: el fallecimiento de elementos policiales, algunos de ellos investigados como posibles suicidios. Más allá de las cifras o de los encabezados que suelen ocupar unas cuantas horas en los medios de comunicación, estos acontecimientos invitan a detenernos y mirar una realidad que con frecuencia permanece en silencio: el profundo desgaste emocional que puede acompañar a quienes dedican su vida a proteger a los demás.

Desde la tanatología, cada muerte representa mucho más que la pérdida de una vida. También simboliza una ruptura en la historia de una familia, de un equipo de trabajo y de una comunidad. Cuando la persona fallecida pertenece a una corporación policial, el impacto suele extenderse entre compañeros que comparten jornadas de riesgo, estrés constante y una cultura institucional donde, en muchas ocasiones, expresar vulnerabilidad continúa siendo visto como una señal de debilidad.

El trabajo policial implica una exposición continua a situaciones traumáticas: accidentes, violencia, pérdidas humanas, amenazas y jornadas prolongadas que pueden alterar el equilibrio emocional. Con el paso del tiempo, estas experiencias pueden acumularse y generar un desgaste psicológico silencioso que no siempre es identificado a tiempo.

La tanatología entiende que el duelo no comienza únicamente después de la muerte. Existen pérdidas cotidianas que erosionan el bienestar de una persona: la pérdida del sueño, de la tranquilidad, de la convivencia familiar, de la sensación de seguridad e incluso de la propia identidad. Muchos elementos de seguridad experimentan estas pérdidas de manera progresiva mientras continúan desempeñando su labor con profesionalismo.

Cuando ocurre un posible suicidio dentro de una corporación, es importante evitar los juicios simplistas. No se trata de falta de fortaleza ni de ausencia de carácter. Generalmente, detrás de estas decisiones existen múltiples factores que interactúan entre sí: estrés acumulado, problemas personales, desgaste laboral, aislamiento emocional y, en ocasiones, trastornos de salud mental que no recibieron atención oportuna.

Desde una perspectiva tanatológica, el acompañamiento a los familiares adquiere un papel fundamental. Ellos enfrentan no solo el dolor de la ausencia, sino también preguntas difíciles, sentimientos de culpa, enojo, incredulidad y, en algunos casos, el estigma social que todavía rodea al suicidio. La intervención profesional permite comprender que el proceso de duelo necesita espacios seguros para expresar emociones sin temor a ser juzgados.

Asimismo, los compañeros de la corporación también requieren atención. La muerte de un colega puede despertar miedo, tristeza, ansiedad e incluso recuerdos de experiencias traumáticas previas. Ignorar estas reacciones emocionales incrementa el riesgo de que el sufrimiento permanezca oculto y continúe afectando el desempeño y la calidad de vida del personal.

Estos acontecimientos también representan una oportunidad para fortalecer la prevención. Las instituciones de seguridad pueden impulsar programas permanentes de atención psicológica, evaluación del estrés laboral, capacitación para identificar señales de alarma y promoción de una cultura donde pedir ayuda sea considerado un acto de responsabilidad y no de debilidad. En fechas recientes, incluso el Ayuntamiento de Puebla ha planteado acciones para fortalecer el bienestar físico, emocional y familiar del personal policial, reconociendo la importancia de su salud integral.

La tanatología nos recuerda que detrás de cada uniforme existe una persona con emociones, temores, sueños y necesidades afectivas. Reconocer esa humanidad constituye el primer paso para construir instituciones más saludables y una sociedad más empática.

Quizá la mayor enseñanza que dejan estos hechos es que cuidar la salud mental de quienes cuidan a la población no debe convertirse en una respuesta después una tragedia, sino en una prioridad permanente. Prevenir también es una forma de honrar la vida.

 

Memento Mori