
POR: LAURA ZEPEDA.
Esta máxima atribuida al filósofo Sócrates cobra vigencia en la actualidad como un ejercicio de prudencia preventiva, ante la reflexión pues propone reflexionar e identificar la calidad de nuestros vínculos antes que la urgencia los ponga a prueba.
En tiempos donde la inmediatez y la conectividad digital suelen diluir la profundidad de los lazos interpersonales, recupera un sentido de realidad sorprendente.
Esta sentencia, lejos de buscar una mercantilización de los afectos humanos, invita a una gestión consciente de nuestro círculo íntimo.
Según la interpretación filosófica, al igual que una administración responsable de los ahorros nos permite enfrentar con mayor holgura una emergencia financiera en cuestión de amistad, observar la conducta de los amigos, en momentos de normalidad permite discernir quienes poseen una lealtad real frente a una coyuntura critica como la enfermedad, el fracaso personal o la perdida de un ser querido.
Este pensamiento Socrático está fundamentado en la ética de la virtud, la cual sugiere que reconocer el valor de una persona es una forma de inteligencia emocional.
Dedicar tiempo a examinar a los demás nos protege de falsas expectativas y decepciones, la enseñanza sostiene que la verdadera rentabilidad de un vínculo se encuentra en la capacidad de acompañar desinteresadamente, un contraste marcado con las conexiones superficiales que caracterizan a nuestra era de la tecnología.
Recordemos que el valor de la amistad esta basado en el vinculo afectivo basado en el apoyo incondicional, la lealtad y la empatía.
En todo es sumamente importante pues promueve la Confianza, y la Lealtad con el respaldo inquebrantable en los buenos y los malos momentos.
La Empatía y el Respeto que implica comprender los sentimientos del otro, aceptando las diferencias creencias y perspectivas.
“LA VERDADERA AMISTAD ES COMO LA FOSFORECENCIA, RESPLANDECE MEJOR CUANDO TODO SE HA OSCURECIDO” (LAZETI)