
Por: Gemma GRACIAN
Queridas y queridos lectores durante años, Morena prometió transformar el sistema de salud en México y convertirlo en uno de los mejores del mundo. Frases como “tendremos un sistema de salud como el de Dinamarca” se volvieron parte del discurso oficial. Sin embargo, para millones de mexicanos la realidad ha sido completamente distinta: hospitales saturados, falta de medicamentos, citas médicas retrasadas y pacientes obligados a gastar de su bolsillo para sobrevivir.
El problema más visible ha sido el desabasto de medicamentos. Diversos reportes y denuncias de trabajadores de salud han señalado carencias constantes en hospitales del IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar. Incluso dirigentes sindicales reconocieron que una parte importante de hospitales presenta problemas de abastecimiento de medicinas e insumos médicos.
Pacientes con cáncer, diabetes, hipertensión y enfermedades crónicas han denunciado que deben comprar sus tratamientos por cuenta propia debido a que las instituciones públicas simplemente no los tienen disponibles. En muchos casos, las familias terminan endeudadas mientras esperan una respuesta del gobierno.
La desaparición del Seguro Popular y la creación del INSABI fueron presentadas como una solución histórica; sin embargo, el nuevo modelo terminó generando incertidumbre, desorganización y falta de coordinación entre estados y federación. Posteriormente, el propio gobierno reconoció fallas y reemplazó el sistema por IMSS-Bienestar, aunque las deficiencias continúan siendo evidentes en varias entidades del país.
Otro de los grandes problemas es la saturación hospitalaria. En clínicas públicas, conseguir una consulta con especialista puede tardar meses. Las urgencias están repletas y el personal médico trabaja bajo presión extrema, muchas veces sin equipo suficiente. Médicos y enfermeras han denunciado falta de material quirúrgico, medicamentos básicos e incluso condiciones inseguras para atender a los pacientes.
Además, especialistas han señalado que los cambios constantes en el modelo de compras y distribución de medicamentos provocaron retrasos y desabasto. Mientras tanto, el gobierno federal sostiene que el nivel de abastecimiento ha mejorado y asegura que existen contratos suficientes para garantizar medicamentos. Sin embargo, la percepción ciudadana sigue siendo negativa debido a las experiencias diarias en hospitales y clínicas públicas.
La situación se vuelve todavía más grave para las personas sin recursos económicos. Mientras quienes tienen dinero pueden acudir a hospitales privados, millones de mexicanos dependen únicamente del sistema público. Para ellos, una cirugía retrasada o un medicamento inexistente puede significar la diferencia entre vivir o morir.
Más allá de los discursos políticos, la salud pública debería ser una prioridad nacional. México enfrenta hoy una realidad dolorosa: hospitales deteriorados, trabajadores agotados y pacientes desesperados buscando atención digna. El debate ya no es ideológico; se trata de vidas humanas.
El gobierno de Morena llegó con la promesa de transformar el sistema de salud. Hoy, para muchos ciudadanos, esa promesa sigue lejos de cumplirse.