SEMANA SANTA: LA TEMPORADA FAVORITA DE LOS HIPÓCRITAS.

Por Laura Zepeda.

Ya llega esa época en la que muchos se sienten casi santos por no comer carne…

mientras siguen devorando la reputación de los demás sin el menor remordimiento.

Porque para ciertos personajes, el problema nunca ha sido la maldad que llevan dentro…

el problema es el bistec del viernes.

Se indignan por un plato como si eso los hiciera puros,

pero viven todo el año llenos de veneno, chisme, envidia, soberbia y una necesidad enfermiza de señalar la vida ajena.

* No comen carne…

pero despedazan personas.

* Publican versículos…

pero practican la crueldad.

* Hablan de fe…

pero viven de la falsedad.

Y ahí están, como siempre:

los jueces de Facebook,

los fiscales del barrio,

los expertos en moral ajena,

los que se creen dignos de corregir a todos…

cuando ni siquiera han podido corregirse a sí mismos.

Lo más ridículo no es que sigan tradiciones.

Lo más ridículo es que crean que por unos días de “sacrificio” ya limpiaron un año entero de veneno, hipocresía y miseria humana.

Porque no,

la santidad no se cocina en aceite ni se mide por el menú.

La verdadera prueba está en cómo hablas, cómo tratas, cómo respetas y cómo actúas cuando nadie te aplaude.

De nada sirve llenarte la boca con discursos espirituales

si la usas todos los días para humillar, inventar, criticar y destruir.

La fe no se demuestra dejando la carne.

La fe se demuestra dejando la maldad.

Pero claro…

eso ya cuesta más.

Eso ya duele más.

Eso ya exige cambiar de verdad.

Y seamos sinceros:

para muchos es más fácil tragarse un pescado el viernes

que tragarse el orgullo, el veneno y la podredumbre que cargan por dentro.

* Muchos no están haciendo ayuno… están haciendo teatro.

Se visten de pureza por una semana,

se disfrazan de correctos por unos días,

y luego vuelven a ser los mismos de siempre:

conflictivos, venenosos, criticones y falsos.

Porque hay gente que no quiere transformar el alma…

solo quiere cuidar la apariencia.

Y esa es la verdad incómoda:

hay quienes no pecan por comer carne… pecan por ser basura con los demás todo el año.

* Así que no impresiona quien presume sacrificio en Semana Santa.

Impresiona quien tiene coherencia, respeto y humanidad los 365 días del año.

Porque al final…

es más fácil cambiar el plato por una semana,

que dejar de ser hipócrita toda la vida.

 

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.