¿Los cambios son necesarios?

El tiempo corre y lo que se veía como algo muy lejano, este tiempo ya esta corriendo en la Administración Municipal se acerca a la mitad de su mandato, es la oportunidad  para revisar la actuación de muchos funcionarios sobre todo los fuereños que llegaron a conocer el municipio con muy poco o nulo conocimiento de la Admiración Publica, los discursos ya no convencen, las pocas acciones u obras no impactan por que la realidad de cada calle que se pavimenta o reconstruye se deterioran mas de seis y el impacto de las pavimentaciones nuevas se vuelve nulo y para muestra un botón en el barrio de Santiago se han pavimentado unas calles pero las calles que esta alrededor ya están hechas un asco, en las juntas auxiliares es lo mismo se pavimentan calles, pero otras tantas, se llenan de baches que llevan abiertos mas de lo que lleva esta administración. Decíamos que los discursos ya no convencen, eso de que es tiempo de mujeres, que son el mejor municipio evaluado, que han bajado los índices de inseguridad o que las anteriores administraciones no hicieron nada. Estas justificaciones ya no tienen peso ni convencen a nadie los problemas no resueltos ya son responsabilidad directa de la actual gestión municipal.

A estas alturas no se vislumbra que la administración tenga un buen rumbo o alguna estrategia de poder mejorar las condiciones actuales del municipio.

Para poder ponderar si un cambio es necesario se tendría que medir en base a un plan o una estrategia que pueda ser medible, estos parámetros ayudarían para determinar si la actuación de una área o funcionario se está cumpliendo, cerrar tu segunda mitad de la administración es vital, ya no hay que justifique la ineficiencia o los errores. El seguir apostando al tiempo para ejercer solo el gasto ya no te ayudará a nada; máxime si pretendes la reelección en el 2027.

Esperemos que la expo carpas permanente se termine ya que en los últimos meses hemos visto todo tipo de carpas, toldos y nos hemos deleitado de sus formas y construcción y colocación, los que vamos por el zócalo de cholula ya hemos visto de distintas maneras abstractas, tradicionales o hechizas, ojalá todo pueda volver a la normalidad.

Hace apenas unos días, buena parte de la clase política mexicana se permitía ironizar sobre la posibilidad de una acción directa de Estados Unidos contra Nicolás Maduro. Se habló de bravatas, de alardes, de una supuesta incapacidad (o falta de voluntad) de la administración Trump para actuar en Venezuela. Se insinuó que Washington no se atrevería a cruzar ciertas líneas por temor a las consecuencias internacionales.

Durante años, Morena y su gobierno han defendido una política exterior que se presenta como neutral, soberana, prudente. En los hechos, esa neutralidad ha sido consistentemente funcional a los regímenes de izquierda autoritaria del continente. Cuba, Venezuela, Nicaragua. No por casualidad, no por omisión, sino por afinidad ideológica. El problema es que ese tipo de neutralidad ya no es leída como neutralidad por los Estados Unidos. En el contexto actual, esa postura no te vuelve árbitro, te vuelve adversario. Trump lo ha dicho con una claridad que incomoda, pero que no admite demasiadas interpretaciones: México es un país donde los cárteles gobiernan amplias regiones. Ha llamado a la presidenta Sheinbaum “un adorno”, y ha descrito al crimen organizado como los verdaderos rulers del territorio. Algunos han querido leerlo como insulto retórico. Es un error. Es un diagnóstico político condensado en lenguaje directo. Lo que está diciendo, en el fondo, es que México se parece cada vez más a un narco-Estado.Desde la óptica de Washington, esto no es un matiz ideológico. Es un dato de seguridad hemisférica. Si Estados Unidos ha decidido que Venezuela ya no es tolerable como enclave hostil en el continente, ¿por qué habría de aceptar sin reacción que México financie, sostenga y legitime a Cuba mientras, al mismo tiempo, es incapaz de controlar su propio territorio frente a los cárteles?. La pregunta ya no es si México quiere alinearse o no. La pregunta es si México entiende el riesgo de no redefinir su postura. Porque, en el tablero actual, no elegir también es elegir.

 

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